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domingo, 26 de febrero de 2012

EXCESO DE IDONEIDAD


TRAFUGARIO
-----------------------------------Por: JOSE OSCAR FAJARDO                                          

Esto que les voy a contar, me ha pasado por poquito unas cien millones de veces. Por poquito. Debo aclarar de antemano que me da rabia tener que emplear mi columna para estas pendejadas pero si no lo hago, cómo diablos se enteran los altos mandos de lo mediocre de sus mandos medios y bajos. El viernes próximo pasado,  a las nueve y veinte minutos de la mañana fui al Club Campestre para asistir a la última jornada de la cumbre de gobernadores colombianos que se estaba celebrando allí. Ipso facto me identifiqué con el carné del periódico y de la emisora donde laboro pero eso no me sirvió de nada. Muestre su escarapela, me dijo un individuo con cara de revólver viejo. Hombre, está allá adentro en el club; fue que las repartieron el jueves y yo no pude asistir por mis ocupaciones personales. Eso a mí no me importa; mándela traer. Pero si me estoy identificando con los carnés de las empresas y con mi tarjeta profesional. Además, ahí estaba presente una funcionaria de la gobernación que me conoce perfectamente, que sabe que soy amigo personal del jefe de protocolo Plinio Enrique Ordoñez Villamizar y de muchos otros funcionarios de la gobernación, y sabe de mi profesión de periodista, pero eso me sirvió para un carajo. Señores, les dije entonces ya con la piedra afuera. Si yo vengo es a trabajar; no vengo a jugar a las escondidas. Nosotros los periodistas venimos a estos eventos es a enterarnos de sus contenidos y a divulgarlos para que la gente sepa que hacen los administradores del Estado y sus gobernantes. Ese argumento también les valió güevo. Luego un taxista del cual abordé su vehículo para regresarme, me dice: “Pero eso es una pendejada porque a unos amigos de ellos que yo traje, sí los dejaron pasar sin la tal escarapela”. Repito que esto es una suculenta pendejada. Pero si ustedes supieran cuánto lo indigna a uno eso, me hallarían la razón de una. Estos pequeños y medianos funcionarios son los que en la mayoría de las ocasiones se tiran con las patas lo que cuidadosamente hacen sus jefes con las manos.
Pero aprovechemos la oportunidad y metámosle ciencia a esto. Metámole sicología porque estas supuestas pendejadas”, pueden terminar en verdaderas tragedias. No hace mucho en la carrera 15 con calle 34, poco más o menos, un “guachimán”, la palabra correcta es Watchman, algo así como hombre reloj,  se reventó a echar bala como policía chulavita en medio de tanta gente, y le zampó un balazo a una señora. Eso no se debe hacer y creo, o intuyo de buena fe, que al guachimán lo castigaron.  Pero ¿Qué sacamos que le metan cien o doscientos años de cárcel a un energúmeno de esos, si ya mató o dejó inútil a una persona?. Lo que hay es que prevenir ese tipo de situaciones porque el sólo castigo no resuelve nada. Por el contrario, le crea uno, o unos enemigos al ofendido. Después viene la retaliación. Entonces viene la pregunta del millón pero de dólares. ¿Las empresas prestadoras del servicio de vigilancia privada, sí evalúan profesionalmente, y sobre todo sicológicamente, a estos individuos de ambos géneros que llamamos vigilantes y que están armados en pleno servicio? Porque ¿qué tal un tipo de estos con problemas de drogadicción o alcoholismo, o con problemas emocionales por los cachos que le está poniendo su mujer? ¿Ustedes sí alcanzan a imaginar, qué haría un tipo de esos armado con un 38 largo y resentido desde el fondo de su alma? Más peligroso que una carne asada con chimichurri de cianuro. Yo lo expreso con gracejos pero todos ustedes saben que es cierto lo que estoy diciendo. Un mediocre con poder es más letal que una novia con hepatitis C. Yo le sugeriría a los primeros mandos, eso sí muy respetuosamente, que cuando vayan a delegar funciones, que lo deben hacer porque sólo Dios se las sabe todas, que escojan a personas inteligentes y preparadas pero que no sufran de sentimientos de superioridad porque estos, desde la esfera del Inconsciente, son complejos de inferioridad. Y eso puede resultar mortal. 

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