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lunes, 9 de marzo de 2015

Conmoción y Tristeza

           Por Gerardo Delgado Silva
El día que en la Corte Constitucional,  posiblemente se produjo un hecho punible, inmarcesible, contra la Administración Pública divulgado por la prensa, fue aciago para la patria.
Lo sentimos no solo quienes tuvimos el honor de tributarle vida transparente a la Administración de Justicia por muchos años, siempre para colocarla en el decoroso y alto nivel que le corresponde, sino también toda Colombia, que pone sus ojos en ella para la solución de sus propios dramas.
Si un pueblo y con mayor razón un juez, se abandona de la justicia, habrá perdido los grandes soportes que le dan sentido a su existencia. 
Maritain nos enseñó: “Si la vida común en que estoy empeñado, está construida sobre la injusticia, un día será necesario sufrir con valor que las bestias me arranquen la piel, a mí o a mis hijos.  Si está ordenada hacia la justicia, tendré, quizá, que dar mi piel y lo demás por la justicia y por lo menos tendré la esperanza de que mis hijos estarán orgullosos y también tendrán coraje.  Vale más cansarse por el bien, que ser abatido por el mal.  Estas son cosas muy simples y ya vendrá el tiempo en que la conciencia común, las comprenderá”.
Ahora bien.  “La presunción de Inocencia”, acompañará al Magistrado  a quien se le atribuye el hecho punible.  Es decir, como consagra la Norma Rectora del Código de Procedimiento Penal: “En desarrollo de las actuaciones penales, prevalece el principio de la presunción de inocencia, según la cual, toda persona se presume inocente, y debe ser tratado como tal, mientras no se produzca una declaración judicial definitiva sobre su responsabilidad”.
Empero, este hecho pues, ha dejado muy averiada la autoridad moral y credibilidad de la Administración de Justicia.
Y este acontecimiento, ante un país hambriento, famélico, que busca en las canecas los desperdicios que sacan a la calle frente a los restaurantes, mendigos, peleando con los perros por “tiras de piel, cadáveres de cosas”, como canta Valencia en Anarkos.
Periódicamente se agita en el país el tema de la crisis de la justicia.  Súbitamente como ahora, los ciudadanos encuentran que se está al borde del abismo y que es preciso corregir, de una vez por todas, las fallas en la administración de justicia.  El prurito pasa, sin embargo, y las más de las veces nada queda.
Ante situación tal, como la del Magistrado de la Corte Constitucional, sería deseable que la Magistratura Colombiana recobrara su dinamismo y prestigio ante la ciudadanía, y que en grande y selecta Asamblea Nacional que saben mejor que nadie las necesidades de la justicia, dijeran al país cuales son las normas que deben reformarse, como debe seleccionarse su personal, y cuales las fallas humanas que en muchos casos han hecho ineficaz la Administración de justicia, o la han desvirtuado.
La Constitución Política y las leyes de cada país, establecen una red de medidas protectoras de los ciudadanos y sus derechos, fundadas todas en una valoración previa de los preceptos básicos, sobre los cuales se han de asentar los principios del bien, del derecho y la justicia en ese Estado, de acuerdo.
con el sentido moral vigente, esto es, tal como los concibe la conciencia social dela pueblo y los expresa con mandato de ese pueblo el legislador.
Es tanta la importancia de la justicia, que hasta la Monarquía Teocrática le rinde homenaje y le paga tributo desde los más antiguos tiempos.   “El rey que castigue a los inocentes y deje impunes a los culpables – dice el Código de Manú- , se cubre de la mayor ignominia y va al infierno”.
La justicia consiste en aplicarla interpretando fielmente su letra, con arreglo al sentido moral,  que constituye su espíritu.  Por eso, toda la justicia reposa en los principios éticos de carácter fundamental que contiene la constitución, y que fijan al derecho su verdadero sentido.
Con este hecho, referido por la prensa, sumido en el letargo moral posiblemente tipificándose el hecho punible de concusión o de cohecho, se está mancillando la piel transparente de la patria.  Sigue teniendo una dolorosa y aterradora actualidad la sentencia de los antiguos romanos, cuando expresaron: “La corrupción es lo mejor de lo peor”, derrumbando la escasa fe que aún queda en la Administración de Justicia. 
Evidentemente, se trata de una felonía contra esa sagrada función del Estado.  (Para www.bersoahoy.co)

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