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sábado, 14 de marzo de 2015

Por qué tiembla hermano

                                     Trafugario
Por: José Oscar Fajardo                                     
Hace exactamente cinco días hubo un temblor de tierra en gran parte del territorio del país, con epicentro en el nido sísmico de La Mesa de  los Santos. Entre otras cosas si los santos fueran serios, allí no tendría por qué temblar. El caso es que ha sido uno de los días en que más se ha vendido papel higiénico en la capital de Santander. El periodista Víctor Suárez corría como una vulgar gallina saraviada por el patio central del Centro Cultural del Oriente sin un ápice de gallardía y machera barboseña. Rezaba como una beata soltera y después se puso a chillar cual plañidera aguardientera. En medio de un profundo sopor me pidió casi de rodillas que por favor no fuera a contar y yo le prometí que sí, pero no me aguante las ganas. Una señora que estaba en el inodoro de su residencia, se supo después, salió con los calzones a media asta, se enredó y del porrazo, con su cabeza por poco le abre un hueco en toda la frente a un divino rostro que está pintado en la pared. Así muchas más cosas ocurrieron el día del suceso pero es éticamente imposible publicarlas en este sitio.  Y lo bueno es que la gente del común a todo le tiene su explicación producto de su propia filosofía o de sus personales y modestos conocimientos. 
Hay gente que piensa que la tierra tiembla o que se produce un movimiento telúrico, como se debe decir técnicamente, es porque el santo encargado de controlar todos los movimientos del cielo y de La Tierra, “Imidio”, tal vez se pone a beber trago o a jugar billar a  tres bandas, o pone a correr las pelotas en la ñonga y se le olvida echarle ojo a los manómetros, barómetros, termómetros y demás aparatos de medición y que ahí es donde se producen los desastres. Hay personas más malintencionadas todavía, que argumentan muertas de la risa, es que al susodicho santo se le olvida mirar el “guarapómetro” y que cuando se pasa la aguja de la marca roja, es exactamente cuando se producen los terremotos y todas las cosas cambian de lugar. Lo que yo no he podido explicarme es, el  por qué la gente no ha adquirido la cultura de los terremotos si Santander como Japón, son dos de las regiones del total de cinco donde más se sacude telúricamente el globo terráqueo. Y es pura falta de educación sismográfica o de conocimientos tembloríficos que, además de ser de cotidiana producción, son demasiado conocidos en la región. Por decir algo, en Japón ya rebullen el chocolate con  los temblores de tierra y mucha gente baila los ritmos populares al son de los terremotos.
Entonces por qué tiembla hermanito. Cómo cuando están zangoloteándose en otras vainas que en este casto escrito no puedo reproducir,  ahí sí se mueren de la dicha. Por ejemplo, brincar en la ducha con la muchacha de servicio cogida de la mano. Y otras. Por eso a mí me dio enorme risa ver  al doctor que les dije y a otros doctores y doctoras, pavimentándose sus añejos rostros con puros mocos de tanto chillar. La gente va a  creer que esto que les he contado es puro invento mío pero, solo dios sabe que es cierto. Otro por ejemplo. Que la madre superiora de uno de los conventos acá de la ciudad, de la velocidad bajando unas  escaleras largas, de la velocidad, repito, metió los pies entre una mochila de esas que traen cuando vienen de vacaciones de la Guajira, y por poco muere en un accidente aéreo porque llegó al primer piso sin tocar las escaleras.

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