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jueves, 3 de septiembre de 2015

VERDADERA ANTITESIS

Por Gerardo Delgado Silva
El comportamiento del Señor Presidente de la hermana República de Venezuela, Nicolás Maduro, cerrando puntos de la frontera con Colombia y deportando colombianos; funge como una antítesis con los postulados del Partido Socialista en el que está inmerso. Se presume, que no haya capitulado en su conducta hasta dirigirla conscientemente hacia un fin ilícito por conseguir o que haya obrado negligente o imprudentemente.  Y desde luego, se irgue el afrentoso dolor y amargura de los niños, las mujeres y los ancianos; por las execrables conductas de la Fuerza Pública, desdeñando la misericordia, la justicia y el derecho internacional humanitario Y de los paramilitares qué?
Un vilipendio a los grandes principios que han enriquecido la historia espiritual del mundo, olvidándose de los reales destinos de la dignidad, mancillando la piel transparente de nuestra Patria.
No obstante, en medio de la aridez del desierto le surgen a Colombia, algunos oasis que pueden contribuir, y obviamente contribuyen – como el Proceso de Paz en Cuba- a darnos una visión distinta de lo que en realidad es el continente, sus perspectivas humanas y sus sentimientos.  No se trata de evasiones, o de puntos de escape, sino de un comportamiento de las personas de bien, con anhelos de paz, que hunde sus raíces en los valores del espíritu y enlaza a las generaciones actuales con una tradición intelectual que nos honra y enaltece.
Tenemos urgencia de más esperanza, aunque parezca absurdo y locura.  No se puede justificar como lo hicieron en el pasado Cioran y Fernando González en Nuestra Tierra, entre otros, y ahora el paranoico Senador Uribe “vivir a la enemiga”; pues olvida que vivir a la enemiga es estar contra sí mismo y sobretodo.
Ahora bien.  No obstante, e independientemente de la causa, son horripilantes los acontecimientos que desdeñaron como ya dijimos a colombianos al ser deportados de la Hermana República de Venezuela, la patria de nuestro libertador, Simón Bolívar.
El traslado del Senador Uribe a Cúcuta, es la más clara demostración de demagogia, con miras puestas en las próximas elecciones, y el fomento de la turbulencia, cuando debía saber que por ese camino no va a obtener sus propósitos, ni a torcer el destino de Colombia.
¿Se trasladó este Señor Senador, a las innumerables regiones colombianas, donde los desalmados paramilitares dieron muerte horrenda a tanta gente, que produce escalofrío para solidarizarse con las familias de las víctimas?
Eso no ocurrió porque no le servía para acrecer su electorado, y su extrema derecha.  Don Jorge 40- esto no es un secreto – que conformó los llamados por él “distritos electorales”, para apoyar a Uribe, los cuales hubiesen fenecido  inmediatamente.
Ese Estado de Venezuela, como organización política de la sociedad de ese país, es el titular de todo el poder social o poder público – en singular - , que nace de la soberanía que jamás es absoluta.  Es el pueblo la sede donde reside la soberanía, pero dejando atrás el nihilismo, superando el absurdo,  y la violación de derechos humanos.
La evolución histórica de la soberanía, nos demuestra que esto significó la negación de toda subordinación o limitación del Estado, por cualquier otro poder.
Esta última nota se manifiesta predominantemente en su vida exterior; esto es, en la relación del estado soberano con otros poderes, en tanto que la primera cualidad se ha de advertir singularmente, considerando su vida interior, en relación con las personas que encierra dentro de sí.  Ambas notas van inseparablemente enlazadas por la dignidad humana.
En esa forma, la soberanía es la capacidad para determinarse de un modo autónomo jurídicamente hablando.  De ahí que el Estado Soberano es el único que puede, dentro de las limitaciones jurídicas ordenar, de una manera plenamente libre, el campo de su actividad.  Es una cualidad inherente al Estado y solo a Él.
Se infiere, que la realización de las deportaciones y el cierre de puntos fronterizos desde Venezuela, están ligados a su autonomía pero sin renunciamiento de la Constitución, y mediante el debido proceso.
Sin embargo, se presenta un espejo donde algunas contradicciones del hombre se reflejan con acusadora precisión.
Aparece un vórtice dantesco.  Por un lado, está el intenso e inenarrable sufrimiento como ya lo expresé, de niños, mujeres, y ancianos. Por el otro, la repudiable y atroz presencia, como se ha afirmado, de paramilitares colombianos, un verdadero desafío que encarna el pánico.  Se infiere también, que el Gobierno Venezolano y los órganos competentes han tenido una persuasión racional de la verdad; es decir, certeza acerca de la presencia en ese país hermano de los desalmados referidos, procedentes de nuestra patria colombiana.
Sin entrar en el debate de su cuestionable origen, en concordancia con las noticias, se presume que aparecieron en el hermano país, y hoy cuentan, como aquí, con base social.

Ante estas vicisitudes, el único sendero es el diplomático, que está inmerso en el patriotismo, el derecho, la paz y la justicia, y que hay que transitarlo con denuedo y decisión imperturbables, en sintonía con la comunidad internacional.  Sigue siendo la única salida.

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