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domingo, 19 de junio de 2016

La cultura del delito

Trafugario
Escribe: José Óscar Fajardo

En la revista Semana del 29 de mayo anterior, el investigador social German Rey hace unas aclaraciones sobre la cultura colombiana que son tan preocupantes como para entrar uno en estado depresivo. Bueno, claro que los colombianos somos depresivos desde nuestros ancestros de español ratero con india violada. A la pregunta ¿Qué ha pasado con la cultura durante estos 60 años de guerra? Observen lo que el especialista contestó. “La guerra ha tenido repercusiones en la vida cultural. El despojo de tierras y el enorme desplazamiento que se produjo en el país tienen implicaciones en el sentido de pertenencia de las comunidades, su cohesión colectiva y su identidad. El miedo influye en las expresiones. Las migraciones del campo hacia las ciudades provocan un verdadero cataclismo cultural, aunque también mestizajes, y el impacto sobre la vida de los jóvenes es de una gravedad cultural indudable…”. Con eso tenemos como para chuparnos los dedos, máxime si tiene en cuenta que de esos desplazados se produce un gran número de prostitutas, incluso en pubertad, para el consumo nacional y para su exportación. Madresolterismo de alta densidad de menores de edad. Además, sicarios de refinada calidad, ladrones de ocho brazos como los pulpos, y como si todo esto fuera bicoca, grandes legiones de drogadictos y alcohólicos callejeros y gigantesca cantidad de mendigos y dementes. Y no me vayan a tildar de “terriblista” pregonero del fin del mundo. ¿Qué están haciendo el Mincultura y las Secretarías de Cultura y otros entes aledaños en el país? Ya lo había predicho García Márquez sobre el Mincultura, ha muchos años, y hoy yo lo reitero: “Serán entes burocráticos al servicio de la política”. Pues ni más ni más. La mayoría de expresiones culturales de las diferentes subregiones colombianas paulatinamente han sido, o van siendo borradas del mapa cultural. Eso, junto con la expoliación de tierras y los desplazamientos, ha ido fortaleciendo “La cultura del delito”. Se me viene entonces a la memoria la famosa frase de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del Tercer Reich y mano derecha de Hitler. “Cada vez que escucho la palabra cultura le echo mano a mi pistola”. En cambio en  Colombia, los gobernantes que hemos tenido, cada vez que escuchan la palabra cultura, le echan mano a los fusiles, a los desplazamientos, se inventan una guerra fratricida de partidos para que se maten los imbéciles, o en su defecto se inventan un partido de fútbol. Pero la estratagema del partido de fútbol sí que la pague los dueños de los clubes porque el Estado no tiene plata para eso. Que le pidan a cervecería Aguila que produce la mayor cantidad de cerveza en Colombia, y de alcohólicos y delincuentes y de violencia intrafamiliar y de cuanta desgracia ocurra en los barrios perratas de los niños famélicos y de los esqueléticos chandosos y las prostitutas impúberes. Porque, hoy por hoy en Colombia ser escritor, o pintor o artista en general, o gestor cultural, es una desgracia personal que solo le genera una pobreza que lo ha de llevar a la tumba. O en su defecto, problemas personales y de orden político porque usted es un “comunista” peligroso y le van metiendo la bala. Y que su familia lo llore y lo entierre si es que tiene con qué. Si no, que regalen su cadáver a la facultad de medicina para que le estudien el cerebro y averigüen por qué fue tan bruto, y los testículos para saber porque fue tan bolsón. Nos podría estar dando respiración artificial el proceso de paz. Pero pensar que hay una cáfila de políticos “intelectuales” adictos a la guerra.  

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