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lunes, 8 de agosto de 2016

INSIGNIA DE LA BARBARIE

                      Por Gerardo Delgado Silva
Benito Mussolini, organizador y conductor (Duce) del partido fascista, alcanzó el poder en 1922, con la marcha sobre Roma.  Anexó Abisinia a Italia en 1935 y Albania en 1938.
Reprimió toda oposición democrática, el Duce ejercía el poder como dictador; el partido controlaba la vida pública; el trabajo estaba organizado corporativamente en sindicatos horizontales y las huelgas prohibidas.  El recuerdo del Imperio Romano inspiró una política exterior imperialista, que condujo a la II Guerra Mundial, catastrófica para Italia.
La acción del gobierno estaba respaldada por los “camisas negras”, grupos de fascistas que castigaban con violencia a los enemigos del régimen y crearon el reinado del terror en poco tiempo.
Los diputados opositores que se eligieron al renovarse la cámara fueron obligados a desertar del parlamento por la desembozada persecución de que los hacia objeto, el grupo de los “camisas negras”.
Y “vaya, vaya”, como dirían los ingleses; el movimiento político llamado “en nuestra patria Centro Democrático” eufemísticamente, con infinita pasión de su líder el Senador arrogante Álvaro Uribe, se alineó junto a las personas que en infinito descalabro con “camisas negras”, querían marchar en Bogotá el 20 de Julio, cuando celebra Colombia la Independencia. Es la desmesura y la ira nacidas de su ambición de poder, ignorando el don de la ética, con el propósito de torcer el destino de la dignidad, de la libertad, la democracia, y los principios básicos de la civilización e incluso contra los más elementales de toda convivencia que merezca llamarse humana.  Es el fomento de un clima oprobioso de terror, propia de los “paramilitares”.
El Senador Uribe, enemigo acérrimo de la paz, conspira contra la dignidad del Señor Presidente Santos, quien ha caminado hacia la grandeza de la patria por el ideal de la paz que todos anhelamos y creemos posible pronto, muy pronto.
Como afirmé hace tiempo en otro artículo, con sobrada impostura el Senador Uribe, está satanizando el proceso de paz. Con un sentimiento de indignidad y pequeñez, sugiere que el gobierno, - en hora buena – del Presidente Santos, le está entregando el país a las FARC.  Es comprensible su postura en la medida en que la retórica en la época de su mandato, envileció todo el lenguaje de las grandes causas, hasta convertirlo en símbolo de la traición y la impostura. Empero, sigue con sus ínfulas cortesanas con el desprecio señorial por el Estado de Derecho, haciendo resurgir su agazapado fascismo, nutriéndose del odio y de la exclusión con la pedagogía de la intolerancia y del resentimiento.
Durante el mandato del senador Uribe, la magnitud de la influencia de los grupos paramilitares sobre extensas regiones del país, se convirtió en un fenómeno dramático.
Los paramilitares exhibieron esa influencia, no solo militar, sino política con parlamentarios conocidos como “parapolíticos”, como es el caso del Señor Mario Uribe Escobar, primo del Senador Uribe, quien fue sentenciado por la Corte Suprema de Justicia, pues su comportamiento estuvo inmerso con paramilitares como Salvatore Mancuso y Eleanora Pineda, sin cumplir en ningún momento con la función sagrada de Parlamentario. Esa influencia paramilitar fue social y económica.  Durante ese gobierno, los dineros destinados a proteger a más de doce millones de colombianos que son los más pobres, fueron a parar a las arcas de esos violentos paramilitares, y terminaron utilizados para comprar armas, alimentar el narcotráfico y encender aún más la guerra. Las ARS resultaron una conexión “para”.  ¿No es una inaudita expoliación de los dineros de la salud?.
En su libro “Mi Confesión”, Carlos Castaño afirma: “La base social de la autodefensa lo considera – se refiere al Senador Uribe – su candidato presidencial”.  En forma procaz y calumniosa el señor Uribe con su odio por el abanderado de la paz, expresó en twitter: “Santos es el único de mi gobierno que debería estar en la cárcel, porque fue donde paramilitares a proponer tumbar al gobierno y refundar a Colombia. ¿Por qué oculto o favoreció el comportamiento del hoy Presidente, él sí, esclarecido hijo de Colombia?.
A diferencia de la guerrilla, los paramilitares no surgieron contra el sistema, sino desde el mismo, con la bandera de defender la propiedad y ayudar al estado a combatir la subversión.  Así mismo, crearon los eufemísticamente llamados “distritos electorales”, como lo expresó Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge Cuarenta, cuando exhibió el propósito de elegir a Uribe Vélez.  Jorge Cuarenta orquestó el negocio ilegal del régimen subsidiado de salud (ARS), encargado de atender a la población más desprotegida de Colombia.
Los “camisas negras” en nuestra patria, bajo las sábanas del impudor del fementido Centro Democrático, no es un designio divino: es la consecuencia de políticas abyectas que hay que remediar.
Esto era imposible de concebir en otros tiempos y en otras situaciones
Uribe Uribe, Herrera, Darío Echandía, Alfonso López, Gaitán, los dos Lleras, surgieron en medio de la tempestad pero demostrando su hombría de bien y nutriendo con la savia ideológica de su pensamiento el discurrir histórico de la nación.  Lo otro es un incalificable acto del impropiamente llamado Centro Democrático, solo concebible como producto de un estado de degradación, del abismo de desfase moral.
Los colombianos de bien, no pueden cansarse de clamar por un acto de entereza pública que congregue a la Nación en defensa de la paz, votando SI en el plebiscito - está ajustado a la legalidad según el fallo de la Corte Constitucional.  En Roma tuvo origen el plebiscito.  Allí se sometían a ratificación popular, decisiones de la asamblea de las tribus - y también de sus valores políticos y morales, -que quiere abolir el ya mencionado Centro Democrático furibundo enemigo de la paz – por el prestigio de Colombia ante el mundo entero y la guarda de su futuro, en condiciones de respeto y dignidad.
Lo que acaba de suceder con los “camisas negras” y el Centro Democrático es el más triste y degradante de los episodios de inmoralidad y desprecio por el país, que pueda exhibir movimiento político deliberante.  Los psiquiatras lo considerarían como un episodio psicótico del Senador Uribe, con su famoso absurdo de vivir a la enemiga. Pragmatismo que despoja a la política de toda consideración ética. 
                                                                                                      Para: Bersoahoy.co

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