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lunes, 24 de octubre de 2016

ESPLENDOROSO PREMIO NOBEL

Por Gerardo Delgado Silva
Tiene la patria, el privilegio de contar en su seno con el Presidente Juan Manuel Santos, justísimamente galardonado por la Academia Sueca con el Premio Nobel de Paz.  Se trata de un hombre recto y heroico, el individuo que cumple con su deber por encima de toda tentación y de todo alago, por encima de las veleidades materiales, que convierte su apostolado en un caso moral.  Un funcionario integérrimo, indomeñable.
No está descubriendo las cosas que le fueron familiares. La vida de su pariente Eduardo Santos, premiado en Europa por su vida bella y generosa, presidida por la comprensión universal de los fenómenos humanos, iluminados por la caridad y la benevolencia, ha constituido en la historia presidencial de nuestra patria, un ejemplo tonificante de virtudes privadas y civiles y un guardián vigilante, desinteresado y eficaz de la nacionalidad, cuyos hondos motivos de asociación interpretó, hasta confundirse su figura personal con el perfil histórico de Colombia.
Con otra sonora impostura, el Senador Uribe, ha venido de tiempo atrás satanizando el proceso de Paz.  Y así, envileciendo el lenguaje de la gran causa de esa Paz; en su campaña por el “NO”, siniestro del plebiscito, con un sentimiento profundo de indignidad y pequeñez, sugirió en diversas formas aviesas, que el Presidente Juan Manuel Santos, le estaba entregando el país a las FARC.
A muchos colombianos infortunadamente les faltó buen juicio para elegirlo presidente, como también al optar por el “NO”.
Es comprensible la postura del “Senador Uribe y su Centro Democrático”, en la medida que la retórica en la época de su mandato, envileció todo el lenguaje de las grandes causas, hasta convertirlo en símbolo de la traición y la impostura.  Empero sigue con sus ínfulas cortesanas con el desprecio señorial por el Estado de Derecho y por supuesto de los derechos humanos, haciendo resurgir su agazapado fascismo, nutriéndose del odio y de la exclusión, con la pedagogía de la intolerancia y del resentimiento.
Durante el mandato del Senador Uribe, LA magnitud de la influencia de los grupos paramilitares sobre extensas regiones del país, se convirtió en un fenómeno dramático.
Los paramilitares exhibieron esa influencia, no solo militar, sino política con parlamentarios conocidos como “parapolíticos”, como es el caso del señor Mario Uribe Escobar, primo del Senador Uribe, quien fue sentenciado por la Corte Suprema de Justicia, pues su comportamiento estuvo inmerso con los paramilitares como Salvatore Mancuso y Eleonora Pineda, sin cumplir en ningún momento con la función sagrada de parlamentario.  Esa influencia paramilitar, fue social y económica.  Durante ese gobierno de Uribe, los dineros destinados a proteger a más de doce millones de colombianos, que son los más pobres, fueron a parar a las arcas de esos violentos paramilitares, y terminaron utilizados para comprar armas, alimentar el narcotráfico y encender aún más la guerra.  Las ARS, como lo supo todo el mundo, resultaron una conexión paramilitar.  ¿No fue una inaudita expoliación de los dineros de la salud?
En su libro: “Mi Confesión”, Carlos Castaño, afirma refiriéndose al Senador Uribe:“ La base social de la autodefensa lo considera su candidato presidencial”. Esto nos permite comprender las irracionalidades del expresidente Uribe, mostrando tamaña propensión al mal, un apetito de poder, inconmensurable desprecio por los derechos humanos, y su famoso absurdo “de vivir a la enemiga”.  Pragmatismo que despoja a la política de toda consideración ética. ¿Dónde está su hermano Santiago, jefe de los Doce Apóstoles, un censurable grupo paramilitar? Pues en la cárcel por sus crímenes.
En forma proterva, ominosa, siempre ha tratado con su denominado peyorativamente “Centro Democrático”, horadar el proceso bienaventurado de paz, con su apetito de poder que no se dirige a las fuerzas racionales del auto interés, sino que despierta y moviliza aquellas fuerzas diabólicas del hombre, que creíamos inexistentes o, por lo menos, desaparecidas hace tiempo.
De acuerdo con la Psiquiatría Forense, la guerra revela a las personalidades psicopáticas, como el Senador Uribe, un mundo a su medida; de ahí que sea un imposible que vuelvan con agrado al mundo de la paz.
Son evidentes las enseñanzas y lecciones que enseña la experiencia Salvadoreña.  Las de un país antes desgarrado, que supo enterrar a sus muertos, restañar las heridas y echar para adelante.  Todo es posible cuando hay voluntad, realismo y decisión.  Cuando se entiende el agotamiento de la guerra y existe el coraje – como el del Presidente Juan Manuel Santos – para ensayar otro camino, ese sí bienhechor.  Los colombianos deberíamos mirarnos más en el espejo de el Salvador. 
El Senador Uribe con motivo del plebiscito nos demostró una vez más que se niega a abandonar la violencia, y aun cree que las armas son un instrumento para lograr cambios políticos.  Y así quiere conquistar a la patria para su respectiva fe.  Resulta un tanto anacrónico apenas como un dato del pasado, sino se recuerdan la vileza y la crueldad a la que llegó la mente humana enceguecida por el fanatismo y la locura.
Estamos ante la necesidad ineludible que tiene el hombre no abrumado por la animalidad, de restablecer el desquiciado reino del espíritu.
Nunca el Senador Uribe ligó su actividad de Presidente de Colombia a los principios fundamentales y eternos.  En cambio el Presidente Juan Manuel Santos ha tenido conciencia de la responsabilidad personal ante Dios y ante la sociedad, todos los hondos motivos que ennoblecen la vida.  Inflexiblemente recto, naturalmente austero, apasionadamente estudioso, substancialmente incapaz de doblez o hipocresía.
Esto de oponerse a la Paz, presenta al ojo del extranjero un aspecto de enfermedad de vida primitiva. 
Resulta un engendro protervo, que el expresidente Uribe y su Centro Democrático hubiesen afirmado, palabras más, palabras menos, que si ganaba el “SI” en el plebiscito, Colombia se convertiría en otra Venezuela; y que se disminuiría la cuantía de las pensiones, para entregar esas sumas de dinero a las FARC, que estas no indemnizarían jamás a las víctimas.
Acerca de estos comportamientos procaces, el Senador Uribe con el desprecio señorial por el Estado de Derecho, resurgiendo su agazapado fascismo, nutrido de odio y de la exclusión, el gerente administrativo de la campaña por el “NO”, Dr. Juan Carlos Vélez, reveló al país, que lo fundamental no era analizar el contenido de los acuerdos, sino provocar un panorama de “indignación para que la gente saliera a votar berraca”.
El esplendente Premio Nobel de Paz, como todos sabemos galardón otorgado a nuestro dignísimo Presidente Santos por el Comité Noruego como ya dijimos y que revela el sentimiento del mundo entero, es tan nítido como la evidencia misma de los hechos.  Es un evento que resalta la dignidad, honradez y coraje del Señor Presidente Juan Manuel Santos, deslumbrante para todos los colombianos.
Perdónenme que repita, a contrario sensu, el Senador Uribe y su llamado Centro Democrático, sumergido en el averno, quiere llevar a Colombia con los ojos abiertos hacia el precipicio.  De ahí, que THE NEW YORK TIMES, afirmara el 14 de este mes: “Álvaro Uribe es el hombre que está bloqueando la paz”.
Ahora quiere con un acomodamiento torticero y desafiante ir o enviar delegados a Cuba.  ¿A qué puede ir allá un epígono de Hitler?,¿A caso cuando fue infortunadamente primer mandatario, no pretendió sacar avante una ley que so pretexto de reinsertar a paramilitares, quería la amnistía e indulto?
El contenido sagrado de la Paz, nos lo expresó nada menos que Jesucristo, cuando dijo: “Mi Paz os dejo, Mi Paz os doy”.

                                            Escrito para  bersoahoy.co

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