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domingo, 7 de diciembre de 2014

OTRA DEPRAVACIÓN DE URIBE

                             Por: Gerardo Delgado Silva
Con otra sonora impostura, el Senador Uribe está satanizando el Proceso de Paz.  Ahora, con un sentimiento profundo de indignidad y pequeñez, sugiere que el Gobierno del Presidente Santos,  le está entregando el país a las FARC.  Es comprensible su postura, en la medida en que la retórica del gobierno de Uribe envileció todo el lenguaje de las grandes causas, hasta convertirlo en símbolos de la traición y de la impostura.
Y es que a muchos colombianos infortunadamente les faltó buen juicio hace años, en el momento de elegir y optaron por Uribe, no obstante que carecía de partido, y , por lo tanto, sin raíces ni centro de gravedad.
Las ideas y la disciplina fueron sustituidas por la frivolidad, la arrogancia, la demagogia y la improvisación.  Ofreció el cambio, pero nos entregó la decrepitud con los parapolíticos.
De la patria en su gobierno,  podría decirse algo parecido a lo que dijo Alberto Lleras de la Argentina alguna vez: “Es un continente que tiene detrás de sí un brillante porvenir”.
El señor Uribe se desbordó en su mandato, sobre sí mismo como Tántalo.  Cada vez es más evidente que no ha controlado su ira y desmesura.  Sacó a la luz marcados rasgos policiales y una desmedida paranoia en cuyo nombre se cometieron muchas injusticias inescrupulosamente.
La legitimación de una distribución de tierra en  manos de esa nueva clase formada por la élite del paramilitarismo, que adquirió tierras – a su manera- a lo largo y ancho del territorio nacional.
Ahora que el señor Uribe y su grupo, se oponen a la paz; están desnudos el absurdo y la insignificancia.
Empero, sigue con sus ínfulas cortesanas,  con el desprecio señorial por el Estado de Derecho, haciendo resurgir su agazapado fascismo, nutriéndose del odio y de la exclusión, con la pedagogía de la intolerancia y del resentimiento.
Así pues, no debe causarnos estupor, su fementida afirmación, porque mantiene grabada en su mente enferma, la imagen de Hitler, con el triunfo de un solo modelo, de un solo  camino, de una sola verdad, de una sola estética, de una sola lengua;  constituyendo una amenaza tan grande como lo sería en el reino animal el triunfo de una sola especie, o en el reino vegetal el triunfo de un solo árbol o de un solo helecho.
Solicito respetuosamente a mis lectores, que me permitan reiterar lo que expresé en otro artículo: Durante ese gobierno, - se entiende del señor Uribe- la magnitud de la influencia de los grupos paramilitares sobre extensas regiones del país, se convirtió en un fenómeno dramático.  Los paramilitares exhibieron esa influencia, no solo militar, sino política, social y económicamente.   Y con capacidad de incidencia sobre presupuestos y  autoridades municipales.   Con un poder de intimidación y fuego, que produjo decenas de miles de desplazados y cientos de masacres y asesinatos selectivos.  A diferencia de la guerrilla, los paramilitares no surgieron contra el sistema, sino desde el mismo, con la bandera de defender la propiedad y ayudar al Estado a combatir la subversión.  Así mismo, crearon los “distritos electorales”, como lo expresó Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, cuando exhibió el propósito de elegir a Uribe Vélez.  Ese paramilitar, orquestó el negocio ilegal del régimen subsidiado de salud (ARS), encargado de atender a la población más desprotegida de Colombia.  Terminaron esos dineros siendo utilizados para comprar armas, alimentar el narcotráfico, y encender aún más la guerra.
Empero, fueron premiados con la Ley de Justicia y Paz, así se prescindiera torticeramente de amnistías e indultos.  Y quedaron las víctimas condenadas al olvido forzoso.  ¿No es esta historia maloliente, una entrega del país a estos delincuentes?
Han quedado descubiertas las pesadumbres vituperables del señor Uribe, que permiten advertir los peligros que nos amenazaban, los abismos insondables que estuvimos orillando.
Estos hechos procaces, ¿No constituyeron en puridad de verdad, durante el anterior gobierno, una frenética entrega del Estado Colombiano a la morralla de los paramilitares que mancillaron la propia piel transparente de la patria? ¿Porque tanto silencio sobre lo que nos degradaba? ¿No era el profundo letargo moral de ese gobierno anterior?
Parecía como si se hubiera capitulado en la patria, ante todos los deberes.  Solo silencio ante lo que nos degradaba, la enfermedad moral de ese gobierno que desdeñó la justicia.
El Señor Presidente Santos, está por el contrario, transitando con denuedo y decisión imperturbables los difíciles caminos de la paz y la justicia.
Iherin nos predicaba: “Cuando Dios quiere la prosperidad de un pueblo, no se da por caminos fáciles, sino que le hace ir por los caminos más difíciles y penosos”.

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