Pero, hay algo más. El salario
mínimo de un colombiano formalizado, con auxilio de transporte se sitúa en los
$2.000.000 y el salario bruto de los congresistas ronda los $50.000.000 y con
algunas llamadas arandelas, llega a $55.000.000. Entonces la brecha es de 1 a
25. Es decir; con solo las arandelas ($5 millones) de un salario de congresistas,
se pagan dos trabajadores y sobra un millón. Por qué
esta abismal desigualdad social
Pero eso no es todo. Veamos
otras prerrogativas que ahondan las desigualdades
El contraste del receso
laboral:
Mientras el trabajador común tiene
15 días hábiles de vacaciones al año, el Congreso tiene dos periodos de receso
legislativo que suman casi cuatro meses al año, tiempo durante el cual siguen
percibiendo su salario completo.
Y, aún hay más. Los
beneficios invisibles:
Hay que dejar claro que esos $50 o 55 millones
que reciben los llamados padres de la patria (patria milagro) son solo el
sueldo. A eso hay que sumarle los esquemas de seguridad, camionetas
blindadas, tiquetes aéreos semanales y cupos de gasolina pagos por el Estado.
Estos son lujos a los que solo tienen acceso los señores congresistas, lujos
que el ciudadano común de $2 millones, debe costearse de su propio bolsillo si
quiere viajar los fines de semana que sería lo mínimo.
Los ciudadanos también deben
saber sobre la comparación con la región: Colombia es uno de los países de
América Latina donde los congresistas ganan más salarios mínimos en
comparación con el sueldo básico de sus ciudadanos (una relación de 1 a 25,
mientras que en otros países de la región la relación es de 1 a 10 o 1 a 12).
Y como el tema es tan
apasionante, es oportuno recordar ahora que, un tribunal que se conoce en
nuestro ordenamiento como CONSEJO DE ESTADO le dio el peor ejemplo de desprecio
a los colombianos al devolverle a los mal llamados Padres de la Patria, una
prima adicional de servicios, NADA MAS que de $18 millones mensuales.
Vean la austeridad que nos predica.
Para quienes no saben o, no
han escuchado, el consejo de estado les devolvió los 18 millones, porque el
único gobierno (el actual) intentó regular esos millonarios sueldos a
congresistas para ser más equitativo con el pueblo que es el que tiene que
dejar de comerse un pan para pagar impuestos con los que se suman los millones para
el sueldo de los congresistas.
Pero la paradoja legislativa va más allá, porque lo que hacen o
no hacen los legisladores, parece muchas veces un contrasentido, y el ejemplo
está en el bloqueo a muchas reformas de beneficio social, entre ellas la reforma del sistema de salud. Si el congreso hubiera
hechos las reformas se habría evitado los BILLONARIOS robos de la plata que
pagan el estado y los afiliados al sistema de salud. Las llamadas mayorías de
la comisión séptima del SENADO dudosamente
se atravesaron e impidieron la reforma.
Esa paradoja legislativa nos
demuestra lo que afirman muchos: Las leyes rara vez se aprueban en favor del pueblo.
La mayoría se convierten en el yugo cruel de las familias colombianas más necesitadas, o de más escasos recursos y entonces el problema de fondo no es solo lo
que ganan los congresistas, sino para quién legislan los representantes y
senadores que se precian en decir que son los representantes del pueblo. Cualquier
persona se pregunta: Representantes para qué.
Mientras las iniciativas
ciudadanas que surge y buscan reducir los altos sueldos del congreso o eliminar
prebendas terminan archivadas, o frenadas por recursos judiciales, cuando se
preparan las agendas tributarias contra el pueblo, esas si avanza a paso firme
entre representantes y senadores, porque son para crearle más obligaciones a los trabajadores
los cuales solo golpean a los estratos
1.-2.-3 y 4, pero en cambio benefician los estratos 5 y 6, entre ellos los
grandes capitales a los cuales se les crean grandes incentivos tributarios.
Esa es la ironía del
sistema: Quienes devengan un salario mínimo de $2.000.000 deben financiar,
a través de los impuestos, el tren de gastos y las camionetas blindadas
de un cuerpo legislativo que rara vez aprueba leyes que alivien el costo de
vida familiar.
Queda entonces claro, que la abismal
desigualdad en Colombia es una realidad dolorosa. La brecha de salarios de $2
millones para muchos y los de $55 millones para unos privilegiados se queda en
solo en un indicador financiero; es la distancia entre quienes redactan las
leyes tributarias y quienes tienen que hacer milagros para pagarlas.
Peo lo más triste, increíble e
irónico es que hay unos colombianos que defienden a como de lugar esta desigualdad
tan aberrante y de burla contra su propia humanidad.
Mientras el Congreso
mantenga blindados sus privilegios y continúe legislando de espaldas al
pueblo, los $55 millones de sueldo de un llamado legislador, seguirán pesando
sobre los hombros de un país que sobrevive con la miseria que le fabrican los
de arriba y le hacen creer que están y luchan por y con el pueblo. Y dicen que
están con el pueblo, porque saben que es un pueblo fácil de explotar y de burlarse de
él, mientras ellos disfrutan las mieles, como dice la vieja "leyenda"
del rico Epulón o, parábola bíblica.
Y, rematemos con el cacareado
término de los politiqueros mentirosos, autoritarios o teóricos de la
conspiración: "Austeridad”. Mientras el salario común de $2 millones para
los trabajadores, el Congreso multiplica esa cifra por 25. Entonces, dónde está
la austeridad… ¿Será que algún día esa sociedad adormecida despierta?, o
pasarán los años y morirá sumida en el engaño.














