Aparentemente este discurso del presidente en que ofreció excusas es
positivo porque habría acatado rápidamente un fallo judicial en su contra.
Estaría concretando su promesa de campaña de que tendría una irrestricta
“lealtad a la constitución”. Sin embargo, un examen más atento muestra que ese
“cumplimiento” del fallo fue en realidad una burla, que en otras circunstancias
sería risible pero no lo es por la gravedad de lo que implica: un presidente
dispuesto a usar leguleyadas, no sólo para evadir órdenes judiciales, sino para
despreciar a la justicia y el orden constitucional. Veámoslo.
En su sólida sentencia, el juez constató que la posesión presidencial
incluyó símbolos católicos (como la estatua de la virgen de Fátima) y en ella
participaron tres religiosos: un arzobispo católico, un rabino judío y un
pastor protestante, quien puso a rezar a la audiencia.
El juez mostró que esas manifestaciones religiosas en una posesión
presidencial, que no se habían dado ni siquiera durante la confesional
Constitución de 1886, no respetaron los criterios señalados por la Corte
Constitucional (por ejemplo, en la reciente sentencia SU-454 de 2025 (opens in
new tab) para que ese tipo de expresiones sean posibles en actos estatales. Y
concluyó que ADLE había violado el carácter laico de nuestro Estado y la
libertad religiosa de los tutelantes, y le ordenó pedir disculpas “por haber
vulnerado la neutralidad religiosa del Estado” y manifestar “que se abstendrá
de incurrir en conductas que lleven aparejada su inclinación a la iglesia
católica o a cualquier otro credo particular”.
¿Qué hizo entonces ADLE para “cumplir” la tutela? Dijo que ofrecía
excusas, pero no por haber violado la laicidad sino porque eventualmente ese
acto “pudo haber generado incomodidad” o haber “ofendido a alguna persona”.
Además, pocos segundos antes reivindicó su derecho a expresar su religiosidad
católica públicamente, sin señalar que lo haría con la “especial prudencia” con
la cual debe actuar en este campo todo alto funcionario para respetar la
separación iglesia-Estado, como lo recordó la sentencia T-124 de 2021(opens in
new tab). Desconoció entonces la otra parte de la orden de tutela, que era
abstenerse de incurrir en conductas semejantes. Pero eso no es todo:
inmediatamente después de excusarse, ADLE gritó, con el puño en alto, “Viva
Cristo Rey”.
Con este discurso, ADLE busca eludir la acusación de que no respeta los
fallos judiciales pues dirá que ofreció excusas, como le fue ordenado. Pero
esta leguleyada es más propia de un litigante mañoso que de un presidente,
quien no sólo juró respetar la Constitución, sino que debe garantizar nuestros
derechos y libertades y tomar las medidas necesarias para que las decisiones
judiciales sean efectivas (arts. 188, 192 y 201). Y en realidad ADLE se burló
de la sentencia y de la justicia porque no pidió excusas por haber violado la
Constitución y, en vez de comprometerse a respetar la laicidad, mantuvo
agresivamente sus expresiones religiosas.
Conviene recordar que “Viva Cristo Rey” no es un grito inocente: fue el
lema de los católicos que se levantaron en armas contra el Estado mexicano y
dio lugar a la muy cruenta “Guerra Cristera”, que ocasionó unos 250 mil muertos
entre 1926 y 1929. Igualmente fue usado en la atroz Guerra Civil Española por
los grupos carlistas, que defendían el restablecimiento de una monarquía
católica absolutista. “Viva Cristo Rey” no es entonces un lema espiritual que
llame a la unidad, sino una divisa para desencadenar cruzadas religiosas. ¿Será
ese el propósito de ADLE?
Fuente: https://www.dejusticia.org/
Ajuste de contenido y diagramación: bersoahoy.co
















