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lunes, 2 de noviembre de 2015

La Moñona de Rodolfo Hernández

Trafugario 
Por: José Óscar Fajardo 
Moñona es la jugada magistral que hace sublime no a cualquier jugador de tejo. En un chico de turmequé, consiste en meter un tejo de cierto diámetro, dentro de un bocín de un diámetro por milímetros ligeramente mayor que el del tejo, y a la vez reventar mecha sin que el tejo quede suelto o ladeado o con la cara hacia arriba porque no vale. A eso se le llama moñona y es difícil lograrla. Eso fue lo que hizo magistralmente el ingeniero Rodolfo Hernández en las pasadas elecciones camino a la alcaldía de Bucaramanga. Una moñona magistral. Claro porque, incluido yo, pocos pensábamos que fuera a ganar dicha competencia en esas condiciones. Razones son muchas. Una. Rodolfo Hernández es un ingeniero civil, egresado de la UN, que ejerce un discurso político totalmente diferente y contrario al estilo corriente de todos los políticos. Uno cree que está dictando una clase de filosofía cuando él está hablando de sus ´proyectos políticos. No gratuitamente su movimiento se denomina “Etica, Estética y Política”. Dos. En las ocasiones que yo asistí a sus almuerzos de trabajo, digamos campaña política, confieso que siempre le admiré su propuesta política basado en los anteriores principios, pero no creía que llegaran a fructificarle. Nada de promesas insulsas y mucho menos irrealizables. Tres. Lo que proponía en cuanto a obras se refiere, gozaba de toda la lógica porque se trataba de necesidades evidentes y entre otras cosas, de gran importancia. Por ejemplo el teleférico a Morrorrico. Pero uno no asimilaba. Cuatro. El ingeniero Rodolfo Hernández es un hombre culto que gusta de la música clásica y a la vez es un ávido lector de todas las literaturas, factor que le da un amplio conocimiento del mundo, del hombre objetivo y subjetivo, y en efecto de las condiciones culturales que le son inherentes a este. Eso no es común en política. Cinco. Tiene un discurso limitado pero no por falta de conocimientos o de fluidez verbal, sino porque, como ingeniero, posee, domina y usa la cultura y la disciplina matemática para planear sus proyectos sociales. Puede afirmarse que se rige mucho por lo modelos matemáticos tan de moda hoy en las ciencias sociales y administrativas en todos los países del primer mundo. El matemático de por sí es poco carretero y bastante práctico. Tuve la oportunidad de conocer en Medellín a Sergio Fajardo, por entonces alcalde de Medellín y también matemático, y a los diez minutos de charla me di cuenta que estaba dialogando con un peso pesado de la política. Hoy lo comparo, con el respeto debido al ingeniero Hernández, y los encuentro sorprendentemente parecidos en sus proyectos políticos. Cero por cero igual a cero de bazofia. El ingeniero Rodolfo Hernández me tramó verracamente porque, al igual que el matemático Fajardo, a todo le antepone el concepto de Cultura. Para ambos el factor cultural es determinante, cosa que comparto yo por mis propias convicciones profesionales y académicas. No en falso Sigmund Freud le dedicó un libro completo a explicar, “El malestar en la Cultura”, como es el título del texto. Es muy probable que Rodolfo Hernández le haya dado inicio a un nuevo estilo de hacer política dado que somos los humanos los únicos animales con dos herencias: la genética y la cultural. Y hay de nosotros si no trasformamos la destartalada herencia cultural que poseemos. Hasta que nos metamos todos en el centro de la cabeza que la guerra es el profundo fracaso de la inteligencia. Y eso en el fondo es lo que propone el alcalde electo de la “Ciudad Bonita”. En hora buena, ingeniero Hernández.

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