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sábado, 12 de marzo de 2016

Candidato donando trompadas: Presente

                       Trafugario
Por: José Óscar Fajardo                             

Aunque ustedes no lo crean, me puse en la tarea dispendiosa de buscar el origen etimológico del nombre del mono antropomorfo más peligroso del planeta de los simios. Donald Trump traduce al español algo así como “Donando Trompadas”. Les ruego el favor que no tomen esto como un cuento de ficción o como una opinión emitida por el Chapulín Colorado porque de ninguna manera es así. Lo que aquí se escribe es el producto de una investigación exhaustivamente científica, llevada a cabo en los Laboratorios de Propulsión a Churrias, de la Nasa, EE UU de América. Así como que habla el preclaro candidato con toda su candidez. Resultado de la investigación: Donando Trompadas nació en una ciudad de los EE UU de cuyo nombre nadie quiere acordarse. A una abrumadora mayoría, estadísticamente, le da pánico. Este muchacho hizo la primaria en una vereda del lejano oeste, así él diga que no porque por uno hablan son sus actitudes, y a los ocho años ya le había adaptado dos cañones más a su escopeta de dos cañones. Es decir, le pegaba con ambas piernas. Donando Trompadas también se hizo famoso porque a esa edad, ya lo “esquizofrenizaba” el deseo perverso de tener tesoros, obtenidos a puño y pata, cuchillo y machete, en cualquier lugar del planeta. Sus biógrafos han llegado a pensar que pudo haber nacido en la vereda de Pueblo Arrecho, adscrita al municipio de Güepsa, o en La Venta, Matemora o el El Polvero, en el pacífico sur de Santander. Muy pacífico, por cierto. Algunos historiadores que lo admiran (como a Lucifer) afirman que por el color de la piel y de su dorada pelusa, Donando Trompadas podría llegar a tener una pesada carga genética no se sabe a ciencia cierta si de Ario, de Eslavo o de caballo de carreras. No se sabe. Lo que sí es verídico científicamente, es que en realidad, tampoco se sabe si es por su bajo coeficiente intelectual, él sí se cree “hijo legítimo de dios”, y de hecho su representante constitucional aquí en La Tierra. Otros biógrafos más avezados todavía, afirman a pies juntillas que su madre lo alimentaba juiciosamente con leche materna, pero el problema es que ella ingería consuetudinariamente, caldo de alacrán, huevos batidos de Mapaná, jugo de Tarántula y papas explosivas fritas. Y antes de acostarse bebía una copita de una infusión de gasolina etílica o de ácido de batería. Esto afirman, reitero, biógrafos que lo idolatran. El acendrado antisemitismo de Hitler, a quien añora tanto Donando Trompadas, él lo convirtió en odio profundo hacia los musulmanes, de quienes plantea, hay que matarles hasta la familia, y a los latinoamericanos, más que todo de Méjico. Leyó desde niño a Marcial Lafuente Stefanía, donde aprendió a disparar escopetas en pleno galope para matar indios Pielrojas porque no le eran simpáticos. Como es racista con agallas de hiena, en una ocasión una  profesora  del High School le preguntó por qué su admirado Hitler había asesinado tantos judíos, y dizque él muy orondo le respondió: “Porque no sabía de los negros”. También, cuando muchachito, era asiduo lector de los cuentos del Doctor Mortis y nunca se perdió una película de El Conde Drácula. Este tanático candidato presidencial de los EE UU fue aficionado en su juventud al teatro clásico y en todas las obras que montó, siempre desempeñó el rol de Jack el destripador. Dicen los periodistas que lo han entrevistado, que Donando Trompadas de lejos parece que fuera una legítima “coscorria”, pero que en cambio de cerca, no queda la menor duda. Stephen Hawking le dice “pichurria”.

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