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sábado, 17 de agosto de 2013

Cartas del lector, a Bersoa hoy

Amigo Bernardo Socha:
José Mojica.  Foto: elregio.com
José Mojica, el Presidente constitucional de Paraguay, es un anciano venerable, un antiguo  guerrillero que, amando tanto su vida se la jugó por la utopía, por la justicia, por la igualdad,por la libertad, por la comunidad, por construir una sociedad que le reconozca los derechos a todos; en suma se jugó la  vida para buscar la felicidad de su pueblo y, desde luego, su propia felicidad.
Ahora,ya anciano, cargado de años y de experiencias enriquecedoras, JOSE MOJICA, gobierna a su país desde su humilde "chacra", su pequeña granja que comparte con su mujer de toda su vida, sus animales domésticos  y unas cuantas vacas; ha renunciado a gobernar desde  los palacios, desde las casas de gobierno diseñadas y construidas a propósito para mantener alejados a los gobernantes de las angustias y las necesidades reales de los ciudadanos que deben dirigir y gobernar.
En los foros internacionales, esos lugares a donde acuden en tropel los gobernantes de los países del mundo para exhibir sus flaquezas y sus vanidades y atender solícitos las directrices y las ordenes de sus emperadores, JOSE MOJICA, ese viejo guerrillero jubilado se ha convertido estrella fulgurante al cuestionar y poner en el tapete, con sus ideas sencillas, su ejemplo de vida y su
humildad, las debilidades, las contradicciones, las falencias y las falacias del modelo económico vigente.
JOSE MOJICA, contrariamente a las ideas y estrategias de dominación y explotación del modelo neoliberal, predica y aplica en su país verdades subversivas, cotidianas y elementales y, así, dice que los seres humanos (la sociedad), debemos dirigir la economía, la producción de bienes y servicios, el mercado, la globalización; enseña que la meta de la economía jamás puede ser el lucro, la acumulación y la avaricia sino la felicidad humana.
Reinaldo Ramírez
Como en los viejos tiempos, los tiempos de las leyendas y las profecías, los seres humanos de hoy debemos decidir entre la opción de oir la voz de JOSE MOJICA y poner en práctica sus enseñanzas o seguir aplicando la antigua solución para acallar a los profetas: crucificarlo para que evitar que su prédica cuestione nuestras conciencias.
Vale la pena empezar por oir su discurso.
Atento saludo,
Reinaldo Ramírez  

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