lunes, 9 de marzo de 2026

Un ejemplar ajuste de cuentas

Por: Bernardo Socha Acosta
No se trata de ninguna película policiaca, ni de una novela de ciencia ficción y menos de estilo picaresca. Se trata de una realidad que hoy vive Colombia.

Resulta que unos que se preciaban de ser dirigentes, de muchas regiones del país, quisieron hacer del Congreso de la república (rama del poder) su finca privada o su estilo de dominio para maltratar al pueblo negándole sus derechos.  Si, se le atropellaron derechos, negándose hacer las reformas que el país necesita.  Por ejemplo, la salud. Esos políticos se apoltronaron de la ley 100 hecha para crear EPS y facilitar que unos pocos se apoderaran del dinero de la salud y se enriquecieran sin control, ganancias de las que al parecer disfrutaban algunos o muchos políticos. Durante 3 años el actual gobierno lucho para hacer la reforma a la salud y no se logró, porque unas llamadas mayorías en el Senado (Comisión 7) lo impidió.

Estos son algunos de los fracasados en política
Pero, resulta que la política colombiana tiene memoria. Y cuando esa memoria se expresa en las urnas, suele hacerlo sin contemplaciones. Las elecciones de este domingo dejaron algo más que un nuevo mapa político: dejaron una lista de dirigentes que pagaron en votos el precio de sus decisiones, de sus rupturas y, para muchos ciudadanos, de sus traiciones.

Durante años, varios de estos políticos construyeron su carrera sobre discursos de coherencia, renovación o independencia. Pero cuando llegó la hora de elegir entre principios y conveniencia, muchos optaron por la segunda (la conveniencia). Y el electorado, que observa más de lo que los estrategas creen, terminó cobrando la cuenta.

Uno de los golpes más simbólicos lo recibieron figuras de la llamada “política alternativa”. Por ejemplo, la senadora Angélica Lozano, quien en su momento fue una de las congresistas más votadas del país, sufrió una caída estrepitosa en las urnas. De ser una figura central de su movimiento pasó a convertirse en uno de los nombres más sonoros de la derrota electoral.

A su lado cayó también Katherine Miranda, otra dirigente que durante años capitalizó el discurso anticorrupción y de renovación política. Las urnas, sin embargo, fueron implacables con quienes prometieron ser distintos y terminaron navegando en las mismas aguas de la política tradicional.

Pero las derrotas no fueron exclusivas del centro político. En la izquierda también hubo caídas significativas. El histórico dirigente Jorge Enrique Robledo, durante décadas uno de los congresistas más visibles del país, tampoco logró sobrevivir al nuevo reacomodo electoral. El mismo destino alcanzó a figuras como Inti Asprilla, quien también quedó por fuera del Senado.

Y, por otra parte, en el campo de las aspiraciones presidenciales, la derrota fue aún más ruidosa. El exalcalde de Medellín Daniel Quintero Calle, que aspiró proyectarse como figura nacional, terminó enfrentando un revés contundente en las consultas políticas, donde su propuesta no logró despertar el entusiasmo que él mismo había anunciado.

Algo similar ocurrió con el experimentado político Roy Barreras, quien también sufrió un duro golpe electoral en su intento por posicionarse dentro de su propia coalición.

La lista de derrotados no termina allí. También quedaron por fuera del nuevo Congreso nombres conocidos como, Álvaro Uribe, Luis Eduardo Garzón, Juan Carlos Losada y Horacio José Serpa, evidenciando que el voto de castigo no distinguió ideologías.

La política colombiana ha estado marcada históricamente por el transfuguismo y las alianzas pragmáticas. Pero los votantes parecen estar enviando un mensaje distinto: las lealtades importan, y los cálculos políticos que ignoran a las bases terminan pasando factura.

Lo que ocurrió este domingo no fue simplemente una renovación política. Fue, en muchos casos, un ajuste de cuentas democrático. Durante años, la política colombiana ha vivido del cambio de camisetas, de alianzas improvisadas y de líderes que predican una cosa mientras negocian otra.

Más que una simple derrota electoral, lo ocurrido este domingo puede interpretarse como un ajuste de cuentas en la política. No necesariamente una venganza en el sentido literal, sino la expresión democrática de ciudadanos que decidieron retirar su respaldo a quienes consideran que rompieron la confianza depositada en ellos.

El problema es que los ciudadanos ya no observan la política con la ingenuidad de antes. Hoy las redes sociales, la memoria colectiva y el desencanto acumulado hacen que cada contradicción quede registrada.

Y cuando llega el día de votar, ese archivo invisible se abre.

Quizás la principal lección de estas elecciones es que el poder político no es permanente y que la credibilidad, una vez perdida, es difícil de recuperar.

Por eso estas elecciones dejan una lección incómoda para muchos dirigentes: el poder puede construirse con alianzas oportunistas, pero también puede derrumbarse por ellas.

En política, como en la vida, las traiciones suelen tener un precio.

Y en Colombia, ese precio se paga en las urnas. (Apoyo de IA)

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