sábado, 12 de septiembre de 2026

La historia colombiana convertida en una fábula

La severa crisis de gobernabilidad no registrada en los últimos 20 años en Colombia

Por: Bernardo Socha Acosta
El común de los colombianos opina que, atravesamos la época más difícil de la historia en los últimos 20 o 25 años, acompañada de una serie de hechos en los que quizás una parte de ciudadanos y de instituciones, son responsables del atraso o el éxito del país.

Es que en un mes de nuevo mandato han ocurrido tantos,… pero tantos episodios que no alcanzaríamos a referirnos con detalles en una columna.

Ese tiempo ha sido el mes más trágico, y nos referimos a los más calamitoso, por el terremoto del 10 de agosto, los incendios forestales, los bombardeos contrainsurgencia, los ataques guerrilleros y las tormentas políticas que van y vienen.

Otras muestras menores que pasan 
inadvertidas entre la opinión
Dicen los críticos que han sido treinta días de asfalto y ceniza, oportuno para hace alguna reflexión porque lo que ha pasado es una realidad inocultable. El marcador de este último mes parecía un periodo ordinario de gestión que se transformó rápidamente en una sucesión de emergencias que desbordaron los escritorios oficiales y llenaron de preocupación a los colombianos.

La naturaleza fue la primera en sacudir el tablero. El 10 de agosto, la tierra recordó su propia fragilidad con un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó. El sismo, que se sintió con violencia en dieciséis departamentos, dejó una huella inmediata. Mientras el suroccidente del país intentaba desenterrar sus vías bajo los escombros, el clima sumó su propia condena: una ola de incendios forestales avivados por temperaturas históricas comenzó a devorar hectáreas en el Tolima y el centro del país, asfixiando los cultivos, ganaderías, especies menores y estrangulando las cadenas de abastecimiento de alimentos.

Pero el fuego del mes no fue solo ambiental; también fue el fuego cruzado de la guerra. En las mismas semanas donde se debatían planes de contingencia climática, el eco de los explosivos rompió el silencio en distintas regiones. Atentados guerrilleros, por un lado, y por otro, unos bombardeos de contraofensiva militar contrainsurgencia ordenados por el gobierno, tensó las cuerdas de la seguridad nacional.

Para colmo de males, mientras las bases del país crujían por la violencia y los desastres naturales, en los despachos de las capitales se cocinaba otra clase de incendio: el de la desconfianza institucional. Recordemos entonces que el mes cerró su ciclo con el ruido de nombramientos altamente cuestionados y polémicas judiciales en las primeras líneas del poder.

El laberinto de los espejos (El contraste histórico)

Al ver este panorama de emergencia total, la tentación de calificar el primer mes de gobierno "el peor de la historia" es casi irresistible. Sin embargo, cuando se camina por los pasillos de los últimos veinte años de la política nacional, se descubre que el caos colombiano siempre ha tenido un ritmo parecido con menos intensidad, aunque cambien los protagonistas.

Cada una de las últimas administraciones ha tenido su propio "mes aciago", ese periodo donde el gobierno pareció tenerlo perdido.

      La herencia del desencanto

El problema de fondo no es que Colombia haya vivido su primer mes de crisis extrema; el verdadero peligro es que nos estamos acostumbrando a vivir en un estado de emergencia permanente. Cuando los terremotos de la naturaleza se mezclan con los incendios de la política y el ruido de la guerra, el ciudadano común termina por sufrir de una fatiga democrática y no creer más en los políticos.

El mes comprendido entre el 7 de agosto y el 7 de septiembre pasará a los libros de historia como un periodo de prueba máxima. Sin embargo, la gran lección que dejan estos últimos veinte años es que el prestigio de los gobiernos, sube y baja, congestionando la memoria histórica la nación.

Pero la historia reciente de los últimos cinco gobiernos demuestra que el libreto de la crisis colombiana se repite.  

Pero, al final del día, la tormenta de este mes de gobierno eventualmente pasará, dejando el terreno listo para la siguiente temporada de disputas. La verdadera crónica de este país no se escribe con el escándalo del momento, sino con la preocupante apatía de una sociedad que, de tanto ver caer a sus gobernantes en el desprestigio, corre el riesgo de perder la fe en sus propias instituciones. La serpiente sigue mordiéndose la cola y envenenándose, y mientras la memoria colectiva siga siendo de corto plazo, los colombianos estaremos condenados a repetir, mes tras mes, el eterno retorno de su propio desengaño.

El ruido de nombramientos altamente cuestionados y polémicas judiciales

Y no olviden - El orgullo de la serpiente: morderse la cola y gozar del veneno

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