La crisis social extrema, y una lastimosa pérdida de los principios
morales personales e institucionales, deja entrever que, todo parece perdido y
nada se arregla, porque la pestilente podredumbre de la corrupción esta por
dentro de cada actor e institución tutorada, por grupos politiqueros que actúan
como hienas desaforadas por el hambre de poder y de dinero. (Hay movimientos politicos que son respetables) Ese comportamiento
es lastimosamente publicitado por la mayoría de esos medios de comunicación que
perdieron su misión y tienen repugnados a sus ya pocos seguidores.
Ese comportamiento tiene destruidas las instituciones que giran
alrededor de las ramas del poder y cada una hace lo que mejor le provoque, le
convenga y hasta lo beneficie, así se aparte de los más elementales principios éticos,
morales y sociales.
Ante esta triste realidad, parece que al mundo y a Colombia no le
esperan nada bueno, porque la historia nos muestra que ninguna
sociedad es inmune a las consecuencias de su propia indolencia y a su
propio desafío.
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| El juicio de Sodoma Aquí La destruccion de Sodoma y Gomorra |
Cuando la tradición bíblica narra la destrucción de estas ciudades, la
memoria colectiva suele saltar de inmediato al fuego y al azufre que dejaron
como rastros de una sociedad corrupta, apenas las cenizas humilladas,
degradadas y sin valor.
Al leer esas palabras, es imposible no mirar a nuestro alrededor. ¿No
es acaso la soberbia, la vanidad, la falta de respeto, la envidia, la
indiferencia ante la pobreza, el egoísmo y la corrupción del tejido social, lo
que hoy carcome a nuestras instituciones y comunidades?
Y cuando nos referimos a las instituciones colombianas, recordamos los
graves desaciertos, especialmente de dos entes, que están en la memoria de los
colombianos como son, el Consejo de Estado y el Consejo Nacional Electoral
que, al decir de la opinión, se han autodestruido y ya nadie cree en esas instituciones,
antes muy respetables.
Los tratadistas en teología sistemática afirman que cuando una
sociedad normaliza la injusticia y la corrupción, da la espalda al
necesitado y vive atrapada en el individualismo, empieza a autodestruirse
desde adentro mucho antes de que caiga cualquier juicio externo.
El espejo de Sodoma y la realidad de hoy, es que parece que caminamos
por el mismo sendero de la degradación de aquella época. En la actualidad solo
se busca satisfacer apetitos burocráticos, de poder y dinero, pasando por
encima de cualquier principio universal que rige la conducta ética, moral y
social.
Lo paradójico es que Colombia y el mundo replican en la actualidad la
antesala del juicio bíblico más cruel y estremecedor con el que sus víctimas
pagaron su desafiante poder.


