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domingo, 5 de enero de 2014

Monda’os pero felices

Trafugario dominical
Por: José Oscar Fajardo 
La noticia decía así: “Por segundo año consecutivo Colombia se ubicó en el 1er puesto como el país más feliz del mundo, según el barómetro global de felicidad y esperanza 2014”. Y posteriormente anunciaba que el 86% de los encuestados decían ser los más felices del mundo y que sólo el 2% aseguraba sentirse infelices. El 11% afirmó que ni de lo uno ni de lo otro sentían algo. El promedio mundial de felicidad es del 60% y a Colombia lo siguen la isla Fiyi, Finlandia, Argentina y Arabia Saudí respectivamente. Es de tener en cuenta que países tan desarrollados como Italia está en el puesto 55; Portugal en el 57; Grecia en el 59 y Francia, entre otras, potencia nuclear y una de las cunas de la cultura, en el 63. Lo que yo quisiera saber es, cómo se define la felicidad siendo un ente tan subjetivo, y además, que variables se aplican para medirla. Porque lo que es Colombia, en ese caso, confieso que a mí me deja perplejo. Yo sé que las estadísticas son aleatorias pero la verdad es que no me explico un país asediado por la guerra desde hace más de cincuenta años que le ha dejado miles y miles de muertos, de viudas, de huérfanos, de expoliados, de delincuentes, de analfabetos y de prostitutas, jura ser el más feliz de la tierra. Según el PNUD, más de diez millones de colombianos de los 44 que hay en el país están en la franja de la física pobreza y varios millones de ellos, por debajo de la línea de miseria con menos de un dólar per cápita por día. ¿Y son felices?
Un país que gasta más en guerra que en educación, donde la investigación científica es casi cercana a cero y donde según las pruebas Pisa para la clasificación de la educación, entre 65 países estudiados estamos en el puesto 63, ¿por qué carajos se muere de la risa? Cómo acontece eso en un país donde su empresa industrial más representativa y que es el motor del desarrollo nacional, Ecopetrol, en el año de 2012 factura 15.4 billones de pesos en utilidades, la ciudad sede, Barrancabermeja, cuenta con las peores aguas consumibles para la gente y los cordones de miseria y prostitución ya son aberrantes, eso sin contar  lo demás. Y lo peor de todo es que ni siquiera hay una carretera decente entre esta ciudad y la capital del Departamento, cuando debiera existir una autopista por lo menos de dos carriles. Eso me sirve para recordarles que Colombia ya hace dos años pasó de la barrera del millón de barriles diarios en la producción de petróleo, lo que lo pone en la lista de los superpetroleros pero para que se lo lleven las multinacionales porque en ninguna parte del país y sobre todo en Barrancabermeja, donde está la mayor refinería de la región, no se ve el resultado de esta riqueza. ¿Entonces de qué es que ríen los colombianos y por qué somos los más felices?

Yo creo es que en Colombia la felicidad la miden desde la óptica de los reinados de belleza, de las ferias y fiestas, desde los altos índices de drogadicción y alcoholismo, desde la violencia callejera e intrafamiliar, desde un sanguinario sistema de salud, desde la mediocridad de la educación, desde la exportación de ladrones y prostitutas, desde las quemas de pólvora populares  y tal vez desde la misma felicidad que produce el no tener preocupaciones por la declaración de renta, por los impuestos de los carros, por el predial, por el PIB o finalmente por la caída del dólar y de las exportaciones.

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