sábado, 14 de junio de 2014
Los triunfos de la paz
Trafugario
Por: José Oscar
Fajardo
Son las once y
veinte minutos de la noche del jueves anterior y estoy atravesando por una dura
crisis de dualidad filosófica dentro de mi pensamiento. Siempre me ha fascinado
el método paranoico-crítico de Dalí y tengo la dura impresión que está actuando
dentro de mi cerebro. Primero por el partido del sábado contra el seleccionado
de Grecia y segundo, por las elecciones del domingo en las que espero con
vehemencia y preocupación que gane el candidato presidente. Tengo muchas razones
de estar preocupado y los que conocemos la historia del país, tanto de otrora
como de ahora, sabemos muy bien por qué. Desafortunadamente el que no conoce la
historia está condenado a repetirla. Para poder conciliar el sueño me estoy
sugestionando que vamos a ganar el partido contra Grecia por dos goles de
Ibarbo y de James, a uno de ellos, y que Juanma Santos Calderón va a ganar por
más de doscientos mil votos. Estoy autosugestionado y estoy sugestionando a los
colombianos inteligentes por un método de “Persuasión Colectiva Esotérica” (PCE)
que sólo conocemos los habitantes del Manicomio más grande del mundo porque son
secretos que nos han enseñados los parasicólogos y metafísicos que allí
abundan.
El profesor
Malezza, personaje central de mi novela EL CANDIDATO DE LOS DIFUNTOS, que acaba
de salir al mercado y que se está poniendo de moda en todos los círculos
sociales, políticos e intelectuales por el refinado humor con que trata los
sucesos nacionales e internacionales, me dijo así de una manera concluyente:
“Va la madre, periodista, si no ganamos estas elecciones y la selección
Colombia no le gana a Grecia por el marcador que usted predijo. Y le confieso
desde ya que si eso no ocurre, me voy a vivir definitivamente a Ganímedes o a
la estrella Aldebarán que es donde se guardan todos los secretos del universo”.
Quiero comentarles a los lectores que en mi relato novelado, el profesor
Malezza recibe, por haberle metido un putazo al imperialismo norteamericano, un
tremendo “bolo ponch” de Mohamed Alí en pleno rostro que lo envía a la lona y
lo deja 9 horas 26 minutos fuera de este mundo. Ya recuperado, dos días
después, el metafísico Malezza, mediante un proceso esotérico apoyado en su
magia brujilística, le “mete” un sapo
cimitarreño en la barriga a Mohamed Alí en retaliación, convirtiéndolo, para
burlas en todo el planeta, en el primer negro norteamericano boxeador marica y
preñado (consultar texto).
Yo pienso es en
la inconmensurable alegría si gana el presidente Santos de nuevo la presidencia
porque, sin ser un San Ignacio de Loyola, para bien de Colombia tampoco es un
Lucifer como ciertas hierbas. Claro porque Lucifer de amigo, allá en el
infierno dizque le gasta trago y percantas a uno. Pero de enemigo, hasta el
mismo Profesor Malezza, quien se dio el gusto de mamarle gallo al imperialismo
gringo vapuleando a uno de sus íconos legendarios como es Alí, le tiene un
cuidado intensivo a Lucifer, por lo cual se reserva los comentarios al caso. Periodista,
me dijo a mí. No se preocupe que usted se va conmigo para el CEFOU (centro de
fuerzas ordenadoras del universo) y le voy a enseñar ciencias ocultas y
metodologías metafísicas para que ayude con su pluma a que nadie vuelva a tener
malas intenciones con la paz de Colombia. Por decir algo, le voy a enseñar como
meterle un perro chanda en la barriga a
un enemigo político que le haya hecho daños al país, para que lo vea envejecer,
al final de su brillante carrera, lleno de millones de dólares pero ladrando de
desprestigio en la plaza pública sin que nadie le quiera escuchar una sola palabra,
o en medio de los jardines de sus mansiones enajenado por la senectud y agobiado
por la soledad.
Publicado por
Bernardo Socha Acosta
en
11:13 a.m.
0
comentarios
jueves, 12 de junio de 2014
Plan Nazi, desmonte del Estado de derecho
Por: Gerardo Delgado Silva
Se llama Estado de
Derecho, a toda organización política de
la sociedad que reposa sobre normas fundamentales, cuyo imperio se impone y
sobrepone a toda voluntad arbitraria y personal.
En la República Democrática,
que es esencialmente un Estado de Derecho, el principio de autoridad reside en
la ley y no en los individuos encargados de cumplirla y de hacerla cumplir.
Eso excluye la Razón de
Estado, expresión empleada por Maquiavelo para justificar la voluntad
arbitraria y personal, caprichosa e inestable, de hombres que gobiernan a su
antojo.
Y se llegó al
constitucionalismo, como sistema de organización político-social, sin el cual
no puede existir la república que es una estructura, y mucho menos la
democracia, que es un contenido ético.
La finalidad suprema y última
de la Norma Constitucional, es la protección y la garantía de la libertad y de
la dignidad del hombre.
La Declaración de los Derechos
del Hombre de Virginia, inicia la Edad Contemporánea, porque plantea y resuelve
el problema de nuestro tiempo. Es la Proclamación de la Dignidad, de la
Libertad y de la Igualdad respecto a la personalidad humana.
Los Estados Unidos dictaron la
primera Constitución completa (1.787), y
se organizaron bajo el imperio de sus normas.
Así nació la República Norteamericana.
Democrática, porque se funda en el reconocimiento de los derechos del
hombre y del ciudadano; Representativa, porque el Gobierno lo ejerce el pueblo
por medio de sus representantes, Federal, porque las colonias concurren como
Estados a formar la Unión y conservan una soberanía de segundo grado y una
autonomía subordinada a la voluntad nacional, expresa en la Constitución y en
las Leyes Reglamentarias que dicte el Congreso.
Desde entonces, la Democracia
adquiere el contenido moral y humano que le había faltado en la
Antigüedad. Ahora tiene un significado
social además de político, y se filtra, a lo largo del Siglo XIX, en todas las
formas de la vida social y en todas las Instituciones Políticas.
Sin la garantía del
Constitucionalismo, jamás podrá asegurarse la existencia de la dignidad y de la
libertad humana, como asímismo, las posibilidades de una justicia progresiva.
Es indudable, que el
constitucionalismo, impregna con su sentido la vida humana civilizada y culta.
Nuestra Constitución dice que
somos un Estado social y democrático de derecho. El Gobernante en un Estado de Derecho se
tiene que someter a la Constitución.
Estas ideas para mandatarios como Hittler, no tenían sentido. El rasgo más persistente de la ideología
nazi, era su irracionalidad. En puridad de verdad la democracia se basaba
en la razón y en el acuerdo pacífico entre una pluralidad de pareceres.
Hittler entró en contacto en
Viena con las ideas del Racismo Germánico y los conflictos de Clase de una
sociedad industrial lo cual fue capital en su formación. Fue designado Canciller, bajo la Presidencia
del Mariscal Hindenburg. La Muerte de
éste en 1934 eliminó las últimas trabas formales para instaurar un Estado que
sería paradigma de los regímenes totalitarios. Lanzado a una carrera de
agresiones en el plano europeo, con poderes tenebrosos, gigantescos, que las
democracias occidentales creyeron poder detenerlo con el Pacto de Munich
(1938), desencadenó finalmente la Segunda Guerra Mundial.
Y bien. El Nazismo no poseyó
nunca principios políticos o económicos genuinos. En su autobiografía, Mein Kampf, encontramos
el anhelo sádico de poder. A las masas
alemanas, desprecia y ama, según la manera evidentemente sádica. La ideología nazi concibe el odio a las
minorías raciales y su exaltación del pueblo alemán y de la “raza nórdica”.
El Estado nazi se organizó
sobre la base de la existencia de un partido único - El Nacional Socialista- ,
para pertenecer a él, se requería ser ario puro, esto es, no tener ningún
antepasado judío, y sus miembros debían obedecer ciegamente las órdenes del
Führer o Conductor, que no tenía que dar cuenta de sus actos a nadie. Dos organizaciones militarizadas de fuerza de
asalto – Las SS y las SA- constituían su
base efectiva, a la que complementaba eficazmente una policía política, la
Gestapo, cuya misión era suprimir toda suerte de oposición. A las masas se les repetía: “El individuo no
es nada y nada significa”. Todas las
actividades quedaron bajo la dirección del Estado, y se suprimió totalmente la
libertad de palabra y de prensa.
Los campos de concentración y
las cárceles comenzaron a reunir a los que no querían convencerse rápidamente
de la bondad del régimen.
Ahora bien. Desde su gobierno, se hizo evidente que el
Señor Uribe no controla su ira y desmesura, que nacen de su ambición de poder
como Hittler. El recurso a la guerra y a
la violencia se explica muchas veces por pulsiones subjetivas, que obran en
individuos que experimentan enormes dificultades para adaptarse al entorno
social y pretenden imponer sus puntos de vista por la fuerza. El Señor Uribe ha utilizado medios, que van
en contra de los principios básicos de la civilización e incluso contra los más
elementales de toda convivencia que merezca llamarse humana. ¿Qué hay con los
falsos positivos?.
Colombia no puede caer en
manos del nazismo con Uribe y su minúscula marioneta, porque significaría el
desmonte de la Institucionalidad Jurídica y Política, atrincherado frente a los
derechos humanos, abandonado a la extrema derecha, como se percibió en época
pasada.
La propuesta de Paz de Santos,
además de salvar vidas e impedir mucho sufrimiento es un derecho y un deber
constitucional. Paz propuesta por Santos
como personaje leal con la majestad del Estado.
El dramático deterioro del
Estado de Derecho, en el Gobierno anterior, está plenamente identificado con
Hittler. Preocupa que se esté sembrando
de peligros la patria, con la prédica
del “Centro Democrático” de Uribe, abierta y desembozada de la Anarquía
de la Guerra depravada.
¿Puede Colombia retroceder?
Artículo para www.bersoahoy.com
Publicado por
Bernardo Socha Acosta
en
5:10 p.m.
0
comentarios
jueves, 5 de junio de 2014
La imposible fatiga moral
Por Gerardo Delgado Silva
Al parecer no ha alcanzado el país a medir las
proporciones del estado de descomposición moral desde el gobierno del señor
Uribe.
En puridad de verdad, los paramilitares exhibieron
una influencia no solo militar sino política, social y económica. Tan profunda y tan extendida, que para muchos
no resulta exagerado hablar de una paramilitarización de Colombia.
No surgieron contra el sistema sino del mismo con
la bandera de defender la propiedad y ayudar al Estado a combatir la
subversión. Respaldados por fantásticas cantidades de dinero ilegal,
y la aquiescencia oficial de ese gobierno que les prometió declararlos delincuentes políticos, un verdadero escarnio
y befa al orden jurídico. Adquirieron un
control con su poder de fuego e intimidación que sufrieron miles de desplazados
y cientos de masacres como también asesinatos selectivos. Es decir, adquirieron un control sobre
Asambleas, Concejos, y otros entes estatales; así mismo sobre extensas regiones
del país, como un fenómeno dramático, después de imponerse a sangre y fuego,
con las preocupantes implicaciones para el futuro nacional, como lo observamos
en las pasadas elecciones del 25 de Mayo.
Un apocamiento moral de algunos ciudadanos, sin meditar lo que ha
representado para Colombia el tétrico panorama de la carrera criminal de los
paramilitares, a quienes el señor Uribe, en una cruzada ominosa quiso legalizar
a un régimen mafioso, promesa hecha en Santa fe de Ralito, acudiendo a
mecanismos jurídicos como amnistías e indultos.
Les aseguró que no serían juzgados por narcotráfico, ni extraditados del
país.
De ahí, que capitulando ante todos los deberes,
desdeño la sagrada misión de la Corte Suprema de Justicia, contra la cual
desato procacidades explicables por el odio que en Uribe desató esa mística y
fortaleza de la corte, al fallar contra un familiar y amigos del alma, sus
electores parapolíticos.
Y ha pretendido desde entonces una obstrucción
insolente de la justicia y reparación de las víctimas de acciones criminales de
los paramilitares, a despecho de la tradición jurídica universal.
Ahora bien. Ese sector de la sociedad que depositó
su voto por el señor Zuluaga, de brazo de un oscuro hacker, es el que está
orillando todas las claudicaciones y por tanto estará dispuesto a auspiciar y
abrir las puertas a la guerra. Ese
sector, puede ser prisionero del miedo, y por ello se muestra dispuesto a
transigir con una inversión radical de valores, con la negación del pasado y el
tejido mismo de la civilización. Estarían también dispuestos a abrir sus
puertas a los autores de crímenes execrables y evidentemente niegan a las
víctimas la justicia, ignorando los grandes soportes que le dan sentido a la
existencia. Sin dubitaciones se han
congratulado con esos crímenes de lesa humanidad, eufemísticamente llamados
“falsos positivos”. Es el consenso para
justificar públicamente esos hechos punibles, en tanto que el señor Uribe
continúa lavándose las manos en la jofaina de Pilatos. Allí está el aroma del
Averno que proporciona la seguridad democrática.
No podemos dejar de mencionar la intervención
ilegal de teléfonos y correos electrónicos.
Además de violar la ley, esos hechos demuestran que la fibra
indispensable la del sentido ético se aflojo, cuando no desapareció. Lo cual, no se supera sino mediante la acción
individual traducida en una voluntad colectiva mayoritaria por Juan Manuel
Santos. Porque solo de brazo de los
principios éticos, viejos de siglos, milenarios mejor, se puede lograr una sociedad
prospera.
Nadie ha olvidado el episodio punible de Agro
Ingreso, con la sangría de los recursos, contribuyó al desmedro de la vida ya
ruinosa de millones de campesinos.
Al tétrico panorama de la denominada “seguridad
democrática”, hay que sumarle ahora, que los dineros destinados a proteger la
salud de doce millones de colombianos más pobres, fueron a parar a las arcas de
los paramilitares y terminaron siendo utilizados para comprar armas, alimentar
el narcotráfico y encender aún más la guerra.
Entonces, por esas calendas, se reveló que 24 de
las 50 ARS existentes estaban involucradas en los hechos punibles y que el
hombre que orquestaba este negocio ilícito era Rodrigo Tovar Pupo, “Jorge 40”,
segundo al mando del Bloque Norte, elector de Uribe, con los famosos “distritos
electorales”.
Este desmantelamiento del Estado de Derecho comenzó
casi de un modo insensible. Y bien.
Mucho más daño que la guerrilla en su punible acción, que en ocho años de
gobierno Uribe no pudo evitar con la guerra; le hizo al país la reiterada
costumbre en ese gobierno de atentar desde adentro contra sus instituciones
republicanas.
Se impone así, un compromiso sagrado entre los colombianos,
de reaccionar frente a la conspiración del “Centro Democrático” de Uribe, contra
el Estado de Derecho, la Democracia, la moral y la paz. Por eso, precisamente no nos cansaremos de
clamar por un acto de entereza pública en las próximas elecciones del 15 de
junio, que congregue a la nación por el prestigio de Colombia y la guarda de su
futuro, como lo está logrando Juan Manuel Santos, que ha demostrado su hombría
de bien al nutrir con la savia ideológica de su pensamiento el discurrir
histórico de la nación. Lo montado sin pruebas, tratando de enlodar la campaña
del 2010 de Santos, va mas allá de la simple desfachatez personal para
comprometer a la Patria ante propios y extraños, y desde luego a la institución
política que presidió. Que gran ejemplo
para la juventud. Un ex presidente que
no padezca sicopatía, no puede corromper la conciencia colectiva de la nación y
torcer el rumbo histórico que siempre ha percibido de los auténticos líderes, ejemplos
enaltecedores de dignidad y de grandeza.
¿El nuevo pensador de la ciencia política,
candidato Zuluaga, ha demostrado a la patria el mecanismo por mejorarle su
suerte – al lado de Uribe -, por elevar la dignidad de una sociedad, por
preservar nuestros valores, por encontrar unos rumbos mas esplendorosos?.
Los líderes como Alfonso López, Gaitán, los dos
Lleras, Eduardo Santos, nacieron del consenso público después de una
confrontación ideológica y ética, Zuluaga surgió como el sub producto de unos
estatutos hechos para la rutina electoral del partido denominado “Centro
Democrático”.
Aquellos pertenecieron a la aristocracia de la
inteligencia, la cultura y la política que veló por el mantenimiento de las
instituciones. Y fueron faros de
dignidad, entereza y obstáculos infranqueables, para las fuerzas que
pretendieron destruir al Estado de Derecho.
Santos representa, - y así lo ha entendido todo el orbe -, al mundo
civilizado, su cara mas amable, la mas humana sin duda, la que ha mirado desde
los albores de la modernidad por la dignidad y la libertad del ser humano
encarnadas ambas en los valores de la justicia social, la igualdad, la tolerancia,
los derechos humanos, la democracia representativa.
Es posible que se piense mal de la existencia en
que los valores, tan descaecidos ya, se preserven y se evite – con la vituperable amenaza de
Uribe – un mayor desmoronamiento de los mismos.
Pero mientras sea necesario defenderlos y salvar el efecto benéfico que
tienen en una sociedad organizada, tendremos que hacerlo, con la seguridad de
que con ello estaremos protegiendo los principios fundamentales que rigen la
conducta humana.
Así las cosas. Podemos inferir lógicamente, que
todos los colombianos de bien ante este tifón maligno del Centro Democrático,
tienen reclinada su alma en el salmo 42: “Juzgadme vos, ¡oh Dios, y defended mi
causa de la gente malvada: libradme del hombre inicuo y engañador”.
Publicado por
Bernardo Socha Acosta
en
7:03 p.m.
0
comentarios
domingo, 1 de junio de 2014
“Hay que dejar de odiar para conseguir la paz”
Por qué Uribe no puede
Tomado de la Revista Semana
Por: María Jimena Duzán
OPINIÓN La tercera razón tiene
que ver con una frase de Frederik de Klerk, el líder de derecha sudafricano que
negoció el fin del ‘Apartheid’: “hay que dejar de odiar para conseguir la paz”.
Ni el expresidente Uribe ni su
candidato pueden hacer la paz en Colombia. Y esa incapacidad no se la han
impuesto sus enemigos, sino ellos mismos.
La primera razón para esa
incapacidad tiene que ver con el hecho de que el uribismo es a la paz lo que la
religión es a
l sexo. Lastimosamente, son
incompatibles, por naturaleza. El uribismo se ha dedicado en esto últimos 12
años a reclutar adeptos sobre la base de que la única negociación posible con
las FARC es la rendición de esa guerrilla y considera que cualquier paz
negociada es una entrega al terrorismo, al castrochavismo y al comunismo ateo,
como lo dijo en un trino la congresista del CD, Maria Fernanda Cabal, el día
del triunfo de Zuluaga en la primera vuelta.
La oposición a ese proceso ha
sido la fuente de su fuerza política y sus adeptos están tan bien reclutados que se hicieron los
de la vista gorda cuando el uribismo pasó de oponerse al proceso a sabotearlo.
Les importó un comino que la campaña de su candidato hubiera contratado los servicios de un hacker
que compraba ilegalmente información de Inteligencia sobre las intimidades de
los diálogos, con el propósito de que la campaña de Zuluaga pudiera saber con
antelación lo que se venía y neutralizar cualquier avance en el proceso, cosa
que ha ido sucediendo sin que el país se ruborice: Uribe supo de la tregua
unilateral decretada por las FARC antes de que la guerrilla la anunciara y
filtró las coordenadas del helicóptero de la Cruz Roja que transportaba a Pablo
Catatumbo hacia La Habana, filtración
hecha no precisamente para facilitar su llegada a la isla.
Cambiar el fundamento sobre el
cual el uribismo ha edificado su credo político diez días antes de la segunda
vuelta, para salir a decir que si ganan
ya no van a acabar el proceso de paz como lo dijeron hace cuatro meses, ni lo
van a suspender, como lo dijeron hace una semana, sino que lo van a mantener
porque ahora quieren lo que siempre han detestado que es “una paz negociada”,
es una voltereta mortal que puede quebrar la espina dorsal al uribismo.
La segunda razón, es más de
forma pero igualmente infranqueable. El uribismo no cambió su posición por
convicción sino que fue un acto de desesperación dirigido a ganar las
elecciones. Saben que si quieren triunfar necesitan correrse al centro derecha.
Y han demostrado que para conquistar esos votos están dispuestos a disfrazar al
zorro con piel de oveja, como bien lo vaticinó Mauricio Cabrera. Su objetivo es
tranquilizar a muchos colombianos de clase media, a empresarios medianos y
grandes que fueron la base de su fuerza política hace unos años, pero que hoy
están asustados (y no les falta razón), ante la posibilidad de que un triunfo
de este Uribe radical y pendenciero, signifique no solo un recrudecimiento de
la guerra interna sino la reactivación del conflicto con Venezuela, que podría
eventualmente desencadenar una guerra.
Sin embargo, cuando el
uribismo actúa desprovisto de su furia y deja de manipular nuestros temores, no
resulta muy convincente. En esta ocasión se han servido de la decencia de Marta
Lucía Ramírez, quien de nuevo vuelve a prestarse para lavarle la cara al
uribismo a pesar de que fue Uribe quien la echó del Ministerio de Defensa y por
la puerta de atrás. En esa ocasión, Marta Lucía tan altiva para unas cosas, permitió
que Uribe le impusiera de asesor al tenebroso José Miguel Narváez, el
subdirector del DAS que está preso, acusado de ser el para-ideólogo de las AUC
y quien instigó a Castaño para que asesinara a Jaime Garzón y secuestrara a
Piedad Córdoba. Esa vez la callaron. Y me temo que en este cuento, el zorro con
piel de oveja también va a terminar tapándole la boca a Caperucita.
La tercera razón es
probablemente la más difícil de remontar y tiene que ver con una frase que
pronunció Frederik de Klerk, el líder sudafricano de derecha que firmó con
Mandela los acuerdos que le pusieron fin al Apartheid. “Hay que dejar de odiar
para conseguir la paz”, dijo. Ese requisito lo está cumpliendo Santos de manera progresiva desde que decidió
abrir esa compuerta de la paz. En cambio, el uribismo sigue empeñado en
fundamentar su acción política en el odio y en la venganza. Y un jefe que mueve
a su tribu, utilizando el odio como combustible para incendiar las almas, no
puede conseguir la paz.
La última razón es que no veo a las FARC sentándose a la mesa con Uribe ni con su candidato. No lo hicieron cuando los buscó insistentemente durante su mandato, –historia que Uribe insiste en negar–, menos lo van a hacer ahora cuando está cegado por la sed de venganza. Solo agregaría esta impresión que me han dejado los frecuentes viajes que he hecho a La Habana a cubrir el proceso de paz: que a diferencia de lo que pasa con el uribismo, he visto cómo las FARC también han empezado a dejar de odiar para pensar en la paz. Reenviado por Georgin Flórez
La última razón es que no veo a las FARC sentándose a la mesa con Uribe ni con su candidato. No lo hicieron cuando los buscó insistentemente durante su mandato, –historia que Uribe insiste en negar–, menos lo van a hacer ahora cuando está cegado por la sed de venganza. Solo agregaría esta impresión que me han dejado los frecuentes viajes que he hecho a La Habana a cubrir el proceso de paz: que a diferencia de lo que pasa con el uribismo, he visto cómo las FARC también han empezado a dejar de odiar para pensar en la paz. Reenviado por Georgin Flórez
Publicado por
Bernardo Socha Acosta
en
9:51 a.m.
0
comentarios
lunes, 26 de mayo de 2014
La guerra y la paz
Traugario Especial
Por:
José Ooscar Fajardo
Yo
no puedo asegurar que cuando el escritor ruso León Tolstoi escribió esta
singular novela, que se desarrolla en el suelo ruso, supiera que existía un
país en América Latina que se llamaba Colombia, que es poco más o menos el
Macondo de García Márquez, o el Manicomio más grande del mundo, de mi muy bien
lograda autoría. La guerra y la paz es una novela que hoy por hoy y dadas las
circunstancias sociales y políticas que vive el país, todo colombiano debería
leerla por obligación moral. Pero desafortunadamente nosotros no leemos, de
acuerdo con las estadísticas, ni siquiera dos libros per cápita por año, lo que
nos hace unos pobres infelices intelectualmente. En ciencias y matemáticas
somos los últimos, en índice de comprensión de lectura somos los últimos y en
la solución de problemas cotidianos somos los últimos. Muchas pichurrias, como
dicen ahora los estudiantes de universidad, y de los colegios ni se diga. La
universidad de Harvard dedica unos seis mil millones de dólares al año en
investigación científica. Nuestros gobernantes casi toda la plata, la que no se
roban, no todos, se la meten a la guerra, por lo menos hasta este momento. Y
hay gente que venera y adora la guerra hasta tal punto, que esta hace parte
arraigada de la cultura colombiana.
Yo
tenía la fe y la esperanza que el presidente Santos tendría la oportunidad
única y feliz de acabar con este flagelo que como a los enfermos de Lepra, nos
tiene podridos en vida. Hoy, desconcertado y preocupado hago este arqueo de
ideas. Si gana el expresidente Uribe la próxima vuelta de las elecciones, para
qué nombrar a Zuluaga si él va a ser una simple marioneta, lo primero que va a
hacer es romper los diálogos con la
guerrilla de las Farc y hasta aquí llegó la alegría. El tercer punto del
acuerdo, que ya estaba pactado, el abandono total del negocio del narcotráfico
en todos los sentidos por parte de las Farc, queda anulado. Recordemos que este
facilitaría el control por parte de la justicia colombiana y de la DEA, el
ejercicio del narcotráfico de gran escala. Pero la guerrilla, como tiene que autofinanciarse,
volverá entones a lo de antes y recuperará para la guerra los dos mil
quinientos millones de dólares anuales que le permitirán sostener la contienda
contra el Estado hasta que pasen otros cien años de soledad. Entonces
volveremos a la guerra total prolongada y los ríos de sangre, de lodo y de
mierda anegarán los campos colombianos como en los mejores tiempos de la
violencia de los años cincuenta.
Cómo
me sorprende que algunos sectores del pueblo sean tan indolentes. Cómo no
comprender que una guerra no le conviene a ningún ser de La Tierra. Sea liberal, conservador, godo,
cachiporro, judío, musulmán, machista, gay, fetichista, negro, blanco, “morao”,
desteñido por el vitíligo, católico, evangélico, eyaculador precoz, gran
masturbador, reproductor de fina estampa, mendigo, petrolero, azadonero y todo
lo que usted pueda imaginar, de ninguna
manera le sirve la guerra. Cómo siento su desilusión doctor Santos. Cómo no
entender que con la plata de la guerra, que son muchos billones de pesos,
podremos conseguir los primeros puestos en las pruebas Pisa para la educación y
ya no volver a ser los más yeguas del planeta. Cómo no entender que en Colombia
la gente se muere por falta de atención médica en los andenes a la entrada de
los hospitales y que eso se podría remediar con la plata de la guerra. La
guerrilla arreciará la guerra urbana por ser más difícil de combatir, y los
movimientos sindicalistas serán seriamente reprimidos. Y los que hacemos oposición,
tendremos que irnos a vivir a lo más profundo del infierno. Si Satanás nos
arrienda una covacha.
Publicado por
Bernardo Socha Acosta
en
6:36 p.m.
0
comentarios
viernes, 23 de mayo de 2014
Mejor Santos que demonios
Trafugario
Por: José Oscar Fajardo
Les aclaro de antemano que el
título de esta columna no es más que una metáfora. Pero lo que sí es cierto es
que desde muy pequeñito le he tenido un temor horroroso a Lucifer, y yo le echo
la culpa es a que por aquellos tiempos, los papás acostumbraban a decirle a uno
para doblegarlo, a usted se lo va a llevar el diablo por desobediente, o por mentiroso,
o por vagabundo, o por cualquiera otro pecado venial de niño de ese entonces, y
eso a mí me quedó clavado en medio del
Inconsciente para siempre. Yo no estoy haciendo alusión a nadie ni tengo ningún
referente luciferino, como dijera García Márquez. Lo que pasa es que siempre he
tenido demasiado en cuenta ese principio fundamental, pilar de las Relaciones
Humanas que dice, “No hay una segunda
oportunidad para dejar una primera impresión”, y yo del presidente Juan Manuel
Santos, desde un comienzo me formé una enorme y positiva impresión. En primer
lugar, lo veo un hombre inteligente, con todas las implicaciones que tiene ser
inteligente. Porque no es inteligente el que remata a putazos, a garrotazos, y
finalmente a balazos a las personas que no están de acuerdo con sus postulados
filosóficos y mucho menos políticos. A eso se le llama reacción por instintos
primarios y a tales personas hay que tenerlas lo más lejanamente posible.
Pongamos por ejemplo a Joseph Goebbels, jefe de Comunicación y Propaganda del
Tercer Reich, durante la segunda guerra mundial.
Entre otras cosas ese tal
Goebbels se hizo famoso con tantas “hazañas” tanto retóricas como lingüísticas
entre las que se encuentra esta preciosa frase expresada por él, en un momento
dado: “Cada vez que escucho la palabra Cultura, le echo mano a mi pistola”.
Plop. Por el contrario de Goebbels, yo al presidente Santos lo percibo como
un hombre sosegado, pensador, meditador,
con razonamientos lógicos como de matemático, cosa que me produce una honda
confianza porque siempre he tenido en cuenta que a los hombres inteligentes se
les puede tener confianza. Y entre todas esas cosas que yo le admiro al actual
presidente, que no son muchas pero sí varias y de mucho peso específico, es que
se haya ido de frente con la fuerza de los rinocerontes a conseguir la paz a
cualquier costo. Leyendo desde Los Miserables, de Víctor Hugo, pasando por El
Archipiélago de Gulag, de Soljenitzin, hasta llegar a las masacres de Trujillo,
Valle, en Colombia, me han enseñado y me han dado a entender que la guerra por
el dinero y el poder, donde se masacran desde niños en adelante, no son otra
cosa que el afloramiento de los más rastreros instintos primarios y del más
primitivo de todos los instintos que es el complejo reptiliano.
Yo al presidente Santos lo veo
como un hombre conspicuo y ecuánime. Batallador en el sentido intelectual de la
palabra y además, decente. Excelente lector y estudioso. Y esas personas con
dicho talante como es el presidente Santos, son capaces de comprender que a los
colombianos pobres y desvalidos, que son una vergonzosa mayoría, no les puede
seguir sucediendo lo de Gregorio Samsa en el relato de La Metamorfosis, de
Franz Kafka, que una mañana amanece convertido en un bicho horroroso. Los que
hemos leído la novela varias veces, comprendemos que fue la agresión física y
psíquica de su padre, un hombre taciturno, autoritario, despiadado y déspota,
lo que llevó al desgraciado Gregorio a tal metamorfosis tan espantosa. Yo estoy
seguro que el presidente Santos ha leído este relato y por eso no va a permitir
que un solo colombiano viva la escabrosa experiencia de Gregorio Samsa. Porque
una persona, sin salud, ni vivienda, ni educación, sin techo y aguantando
hambre, se convierte en Gregorio Samsa.
Publicado por
Bernardo Socha Acosta
en
2:55 p.m.
0
comentarios
miércoles, 21 de mayo de 2014
Centro pero de vituperación
Por
Gerardo Delgado Silva
La
Constitución Política y las leyes de cada país establecen una red de medidas
protectoras de los ciudadanos y sus derechos, fundadas todas en una valoración
previa de los preceptos básicos, sobre los cuales se han de asentar los
principios del bien, del derecho y de la justicia en ese estado, de acuerdo con
el sentido moral vigente, esto es, tal como los concibe la conciencia social
del pueblo y los expresa, con mandato de ese pueblo, el legislador.
Para
el profesor Henri Capitant, “el derecho natural no es otra cosa que el
principio director, la vida que inspira y orienta al hombre en sus esfuerzos
incesantes por mejorar y perfeccionar el orden social; es el ideal de justicia
que el hombre se esfuerza por descubrir y hacia el cual trata de orientar a la sociedad,
ideal que está presente tanto al espíritu del legislador como del filósofo, del
moralista, del jurisconsulto y del juez.
No hay pueblo ni generación que no persiga este ideal. El espíritu humano no puede prescindir de una
dirección.” (La negrilla es mía)
La
justicia, desde Platón ha sido considerada como la razón de ser del Estado, “su
piedra angular, alrededor de la cual giran con carácter accesorio, la fuerza
pública, la legislación, la preparación de jurisperitos, la vigilancia por
parte de diversos órganos, como el Consejo Superior de la Judicatura, la
Fiscalía, la Procuraduría y el propio Poder Ejecutivo, que la requiere pronta y
cumplida”, como lo señaló el ex presidente, Doctor Alfonso López Michelsen.
Es
tanta la importancia de la justicia, que hasta la monarquía Teocrática le rinde
homenaje y le paga tributo desde los más antiguos tiempos.
“El
rey que castigue a los inocentes y deje impunes a los culpables - dice el
Código de Manú - , se cubre de la mayor ignominia y va al infierno”.
Y
cuenta la Biblia que Salomón, cuando Dios le dijo: “Pídeme lo que quieras que
yo te dé, contestó: Da pues a tu siervo corazón dócil para juzgar a tu pueblo,
para distinguir entre lo bueno y lo malo”.
Heródoto refiere el caso de Deioces, que llegó a ser Rey de los Medos
por la rectitud de sus fallas.
Corresponde a la función jurisdiccional que es inherente al ejercicio
del poder judicial con carácter independiente y soberano, proteger a los
ciudadanos en sus derechos, como garantía de justicia, libertad y paz.
Y
bien. La Fiscalía General de la Nación forma parte de la rama judicial, al
tenor de la Constitución, y como a los jueces en las leyes de procedimiento se
imponen las garantías de imparcialidad como corresponde a la más sublime de
todas las dignidades. Con cristalina
claridad el señor Fiscal General ha demostrado que esa dignidad de la justicia,
forma parte de la composición de su vida.
La
historia ha demostrado, que la peor desgracia que puede acontecerle a un
pueblo, es la de vejar, afrentar, la justicia, como ha sido de tiempo atrás la
modalidad mal sana y mal intencionada del señor Álvaro Uribe; quien nos
recuerda varios aforismos del derecho: “Nemini jus ignorare licet”. Esto es, la
ignorancia de las leyes no sirve de excusa.
Estrafalaria
el último comportamiento del Señor Uribe, porque entraña una imperdonable falta
de seriedad y conocimiento del Estado de Derecho, al recusar al Señor Fiscal
General, sin ser sujeto procesal, ni pueda o deba intervenir en el proceso
penal como parte. Aquí se refleja con acusadora precisión su ignorancia del Don
de la justicia, que lleva a los hombres a ignorar los límites de la ética. Todo, por la desmesura que nace de la
ambición de poder. Ahora bien. Cuando se invoca una causal de recusación
debe respaldarse en elementos probatorios.
No basta el simple enunciado para aceptarla; es necesario que al proceso
se alleguen datos con fuerza persuadidora.
La causal no puede quedar al capricho de quien la invoca, menos del
Señor Uribe Vélez, quien olvida aquello que nunca ha aprendido.
La
honorable Corte Suprema de Justicia desde
1942, afirmó: “…la simple circunstancia de que el fallador haya atestiguado que
es buena la conducta del sujeto sometido a una acción penal, no puede
traducirse en interés por el reo, puesto que de poner aquello no alcanza a
constituir, ni en la más rígida de las delicadezas morales, una inclinación del
ánimo hacia el sindicado…”.
Tapado
con sábanas de impudor como ahora ante la Fiscalía, el mundo entero comenzó a
percibir en el pasado gobierno, que el Señor Uribe Vélez pretendió sacar avante
una ley para amnistiar o indultar a los paramilitares – sus electores, como
Jorge 40, creador de los distritos electorales -. A quienes les prometió estatus
político, con impunidad, aceptando que la carrera criminal de masacrar,
descuartizar y desplazar a miles y miles de familias, era defender al Estado Colombiano. Otro exabrupto jurídico y moral como ahora. Con ese acto, pretendía institucionalizar la
soberanía de los victimarios, que hubiese degradado aún más la estabilidad de
las instituciones y la dignidad de las víctimas y la sociedad.
El
Señor Uribe Vélez, no ha dejado un instante de desconocer principios
constitucionales básicos para la defensa de los derechos fundamentales, entre
ellos - los Derechos Humanos -, sacando a la luz esos marcados rasgos de
desprecio irrefrenable a la Democracia, a la Administración de Justicia, con la
Corte Suprema de Justicia, irrespetada como lo ha hecho con el Don de la
Paz. Desmedida paranoia de un
beligerante, como los ben laden de los cinco continentes. Práctica, infortunadamente recurrente de la
extrema derecha. Ahora, parece mas
preocupado el Señor Uribe por desatar las furias del averno, colocado sobre las
obligaciones morales y sociales de Colombia.
Más repudiable habiendo sido presidente.
Nuestra
esperanza de paz, que no cejamos en alimentar, es la de que los colombianos de
hoy no resultemos inferiores a la inmensa tarea que nos ha señalado la historia.
Es
imposible dejar de mencionar la formulación de Kant: “Obra siempre de tal modo
que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre como principio de una
legislación universal”.
Es
claro entonces que la degradación moral, en la actual campaña electoral del
llamado “Centro Democrático”, hubiese abierto aberrantemente sus puertas a
hechos punibles como el espionaje, con su hacker amigo del candidato marioneta Zuluaga.
¿Así entienden ellos el predominio del Estado de Derecho?. ¿Así se disfraza el
autoritarismo o nazismo?
Dios
nos guarde de lo que todavía les falta por sepultar de modo definitivo como
atributos y virtudes que los colombianos creíamos imperecederos. Ya caímos, en el gobierno de Uribe, más allá
del fondo de cualquier crisis moral.
Escrito
para www.bersoahoy.com
Sección, opinión
Publicado por
Bernardo Socha Acosta
en
5:36 p.m.
0
comentarios
Etiquetas: Centro, Política, vituperación
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





